El obispo de Málaga, D. José Antonio Satué visitó el centro con este motivo.
Mons. Satué recorrió durante dos horas las instalaciones del centro y mantuvo encuentros con los distintos miembros de la comunidad educativa, desde alumnos y profesores hasta representantes del Patronato y del AMPA.
La jornada comenzó en el Patio de los Naranjos con una recepción oficial, tras la cual el Obispo se trasladó a la capilla para realizar una ofrenda floral a la Virgen y al Sagrado Corazón de Jesús. Allí compartió un momento especial con los alumnos de 3º de Primaria que este año han recibido la Primera Comunión, animándolos a mantener una relación viva con Jesús a través de tres claves fundamentales: conocer, compartir y rezar. Posteriormente firmó en el Libro de Honor del centro y recibió diversos obsequios de la comunidad educativa.
Durante la visita también recorrió las nuevas instalaciones de Formación Profesional, donde recordó con cercanía su propia etapa como estudiante de FP y destacó la importancia de la formación técnica y del esfuerzo cotidiano para aprender un oficio.
Uno de los momentos más relevantes tuvo lugar en el Patio de los Naranjos, donde respondió sin restricciones a las preguntas de los alumnos de 3º y 4º de ESO. Los jóvenes plantearon cuestiones relacionadas con la fe, la vocación, las contradicciones humanas y problemas que afectan actualmente a la juventud, como la ansiedad, la soledad o la salud mental. Ante estas preocupaciones, el obispo presentó la fe y los grupos de vida de la Iglesia como un apoyo frente al pesimismo y anunció que la diócesis estudia poner en marcha un servicio de escucha activa. Además, animó a los jóvenes a compartir sus inquietudes y a pedir ayuda cuando la necesiten.
Al abordar las dudas sobre la fe y la dificultad de demostrar científicamente las creencias, explicó que muchas de las decisiones más importantes de la vida, como el amor, la elección de una profesión o la propia fe, nacen de la intuición y de la escucha interior. También subrayó que la duda forma parte del camino personal y favorece el respeto hacia quienes piensan de manera diferente.
La reflexión más inspiradora llegó cuando los alumnos le preguntaron si alguna vez imaginó llegar a ser obispo. Satué restó importancia a las jerarquías eclesiales y centró su mensaje en la llamada universal a la santidad. Explicó que lo verdaderamente importante no es el cargo que una persona ocupa, sino desarrollar plenamente los talentos recibidos para alcanzar la felicidad y transmitirla a los demás. Según afirmó, lo que le impulsa cada día es la misión que Dios le ha confiado y el crecimiento personal en la santidad, entendida como el esfuerzo por ser una buena persona.
En esa misma línea, invitó a los jóvenes a abandonar la idea de la santidad como una perfección inalcanzable. Recordó que las personas son valiosas pero limitadas y que no deben obsesionarse con sus errores, sino potenciar aquello que hay de bueno en sus vidas mediante la oración, el compartir con los demás y la reflexión personal.
La visita concluyó pasadas las 13.00 horas con una fotografía de familia en el Patio de los Naranjos, donde alumnos y profesores formaron un gran número 120 humano para conmemorar un aniversario que une la tradición histórica de las Escuelas Ave María con los desafíos y la vitalidad de las nuevas generaciones.
