Cuando el enfermo de la droga solicita ayuda, llega cansado de sí mismo, ausente del presente, con una mente confundida, y un futuro hipotecado; este escenario exige que en las primeras entrevistas que conforman la acogida, se le tiene que ofrecer una escucha atenta y activa con un grado de interés suficiente para que perciba que es importante para alguien.