Simplemente, genial. La belleza, la música, la intuición, la fragilidad, la fugacidad, impactantes imágenes, sonidos envolventes del agua, del fuego, de la tierra, del aire se funden en una sinfonía que roza el misterio, lo acaricia y deja que trascienda. Terrence Malick dirige su quinto largometraje, intensifica lo que contaba en Malas tierras (1973), Días del cielo (1978), La delgada línea roja, (1998), El nuevo mundo (2005). Una experiencia silente que expresa una profesión de fe.