El retiro de Cuaresma acerca al clero de Málaga al resultado de la consulta diocesana.
El clero diocesano malagueño, presbíteros, diáconos y diáconos permanentes con la participación también del obispo emérito D. Jesús Catalá, han celebrado una mañana de retiro en esta Cuaresma. Dirigido por D. José Antonio Satué, ha permitido acercarse a las conclusiones más significativas de la consulta que realizó el obispo a las personas con responsabilidad pastoral, en sus primeros pasos en la diócesis, para que la oración estuviera centrada en la respuesta personal ante el retrato diocesano que dicha consulta dibuja.
El retiro de Cuaresma del clero diocesano de Málaga ha reunido a una amplísima representación de los sacerdotes y diáconos que sirven pastoralmente en la diócesis. Tras la acogida y la oración de la hora intermedia, guiada por el vicario para el Clero, Juan Manuel Ortiz Palomo, ha llegado el turno de la exposición. En ella, el obispo, D. José Antonio Satué, ha comenzado por recordar la pérdida dolorosa de tres sacerdotes en esta Cuaresma: Manuel Ángel Santiago, José Amalio González Ruiz y José Melgar del Valle, ante lo que ha expresado «Nos ha hecho bien llorar juntos, rezar juntos, celebrar juntos la Eucaristía y sentir juntos el abrazo de nuestra gente, del santo pueblo de Dios», y ha expresado su certeza de que, en esta Cuaresma, «estamos viviendo un kairós, un tiempo de Gracia. Y un tiempo así nos pide respuestas. Una respuesta personal, cada uno escuchando lo que Dios quiere decirle, y una respuesta eclesial, a través de nuestros órganos de participación, el Consejo Presbiteral, el Pastoral, las reuniones de arciprestazgos y tantos otros lugares».
A continuación, ha procedido a compartir con el clero diocesano los principales resultados de la consulta sobre la diócesis realizada a las personas que ejercen responsabilidad pastoral en la diócesis, y que llevó a cabo al inicio de su episcopado. En mayor profundidad, los datos que esta arroja han sido ya compartidos por el obispo en la reunión mantenida con los distintos arciprestes, por lo que su exposición ha resumido las principales conclusiones, los resultados más significativos, a modo de fortalezas y necesidades en los ámbitos globales, que emanan del análisis conjunto de la realidad diocesana. «Aunque no sea un retrato perfecto de nuestra realidad, estas aportaciones nos pueden ayudar a mirar con más claridad nuestra vida diocesana y los desafíos que compartimos», ha dicho. El objetivo ha sido que, partiendo de esa “composición de lugar”, los participantes iniciaran este tiempo de oración, retiro y silencio personal.
Tras dar a conocer de forma general la visión que dichas aportaciones ofrecen de la Iglesia de Málaga y Melilla, el Obispo ha entregado unas pautas para la oración, partiendo de una premisa y tres posibilidades. La premisa es pedir la Gracia de mirar a la Diócesis y las llamadas que las distintas personas hacen a través de esta consulta con los ojos de Dios, y ver qué pide, desde ahí, a cada uno, en qué le compromete.
La premisa es pedir la Gracia de mirar a la Diócesis y las llamadas que las distintas personas hacen a través de esta consulta con los ojos de Dios, y ver qué pide, desde ahí, a cada uno, en qué le compromete
La primera opción para la oración planteada por Mons. Satué es la contemplación ignaciana de la Trinidad que mira el mundo (2ª semana de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola). A raíz de una breve introducción en esta meditación, el obispo ha invitado a mirar la realidad de nuestra diócesis con los ojos de Dios, dispuestos al compromiso, y ha ofrecido la siguientes preguntas par ayudar en la oración:
- ¿Qué sentimiento domina en mí cuando contemplo el mundo, mis parroquias, la Iglesia diocesana, mi vida? ¿repugnancia, compasión, tristeza, esperanza...?
- ¿Cómo me sitúo realmente en la familia, en la parroquia, en la diócesis, en la sociedad en que vivo?
- ¿Dónde plantamos nuestra tienda? ¿a quién me acerco yo?
- La pobreza en mí, ¿es signo de amor o de condena?
- ¿Cómo resuena en mí la decisión divina: "Hagamos redempción del género humano"? ¿Acojo en mi corazón la voz del Señor: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» y la respuesta del profeta: «Heme aquí, envíame a mí» (cf Is 6, 8)?
La segunda opción para la oración ha sido tomando como referencia la exhortación apostólica Pastores Dabo Vobis (S. Juan Pablo II) y concretamente los puntos 31-32, que abordan la dimensión eclesial de la espiritualidad sacerdotal y lo calificativo que le aporta su pertenencia a una Iglesia particular, tanto en su misión pastoral como en su vida espiritual.
A ese respecto, ha planteado las siguientes cuestiones de ayuda:
- ¿Me dejo realmente modelar por los sufrimientos y las esperanzas de la gente de mis parroquias? ¿Me dejo tocar por la historia de salvación que Dios está escribiendo en esta Diócesis de Málaga?
- ¿Qué lugar ocupan en mi corazón Melilla, los pueblos más pequeños y alejados de la diócesis y la misión en Venezuela?
- ¿Qué periferias —geográficas o existenciales— reconozco hoy como horizonte de la misión a la que el Señor me llama?
- ¿De qué manera me está pidiendo el Señor que contribuya a la misión de la Iglesia universal?
La tercera opción de oración, rezar con la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). En ella ha invitado a hacer el ejercicio interior de representar en cada personaje tanto a la propia persona orante como a la Iglesia diocesana.
Las preguntas guía han sido:
- Quizá alguna vez has sentido que la Iglesia te apaleaba... ¿Quién ha sido en ese momento el samaritano que te ha mostrado la misericordia de Dios? ¿Qué le dices a Dios?
- En otros momentos, tú has estado apaleado y la Iglesia ha sido para ti buen samaritano, sacramento de la misericordia divina. ¿Qué le dices a Dios?
- Finalmente, imagina que la Iglesia diocesana es esa persona apaleada al borde del camino. ¿La miro como "algo ajeno" o "cosa propia"?, ¿Pienso "qué me pasará a mí se me comprometo" o "qué le sucederá a la Iglesia (a nuestra gente) si paso de largo"? ¿Qué le dices a Dios?
«¿Acojo en mi corazón la voz del Señor: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» y la respuesta del profeta: «Heme aquí, envíame a mí», ha planteado el obispo
Para terminar la oración, Mons. Satué ha ofrecido dos textos orantes: uno del P. Arrupe (Sed buenos: retiro a sacerdotes en Cagliari, 11 de marzo de 1976) y otro, de San Manuel González (Un sueño pastoral, 2291), que reproducimos:
«Al pie de la obra de mi Seminario me ha salido un almendro... Allí de entre cascotes y ripios, granzones y piedras se yergue mi almendrito desnudo de hojas y cuajado de florecillas blancas como copos de nieve. Y le he dado el título de maestro y como a tal lo presento a mis seminaristas porque vaya si está enseñando a las mil maravillas la gran lección, la lección fundamental del apostolado sacerdotal que expresó el maestro divino en aquellas palabras: ¡Haced mucho bien sin esperar por él nada! ¡Qué bien lo enseña mi almendro! Cuando debía estar achicharrado de tanta cal como le rodea o tronchado o caído de tanto tropezón de piedras, maderas, carrillos y pies de operarios, cuando al menos podría mostrarse enojado y encogido de tantos menosprecios y malos tratos, mi paciente y generoso almendrito se ha cubierto este enero de más flores que ningún año... iSi vierais las veces que me he detenido con los que me acompañan para recibir la lección del maestrito! ¡Qué bien está cumpliendo él a su modo lo que todos los sacerdotes y maestros de las almas debiéramos estar haciendo siempre! Hacer bien, mucho bien, aunque nos den palos y pedradas, aunque nos pisoteen y quemen... sin esperar por el bien que hagamos nada! iNada! Maestro almendrito del Seminario i que nos aprendamos bien la lección!» (Un sueño pastoral, 2291).
La mañana de retiro ha continuado con la exposición del Santísimo, ante el que los sacerdotes han podido orar el tiempo que han deseado, y tras la bendición, los participantes han compartido el almuerzo en la Casa Diocesana.
