El domingo 8 de marzo, la directora malagueña Sara G. Cortijo presentó en el Festival de Málaga su primer largometraje, Meditar. El documental cuenta desde dentro la historia de la red abierta de meditación cristiana “Amigos del Desierto”, desde la voz de sus miembros, entre ellos su fundador, el sacerdote Pablo D’Ors

Sara G. Cortijo: «La meditación cristiana es la oración del corazón»
Rueda de prensa sobre Meditar M. J. Heredia

“Amigos del Desierto” acaba de cumplir 10 años de vida y cuenta con más de 2.000 meditadores en el mundo. Su objetivo es fomentar la meditación silenciosa y contemplativa. Tras la proyección del documental tuvo lugar un pequeño coloquio con algunos de sus protagonistas y varios miembros de la distribuidora del largometraje, A Contracorriente, en el que tuvo la oportunidad de participar el público. Entre ellos se encontraban su directora Sara G. Cortijo, Lluís Homar (actor español y miembro de Amigos del Desierto), Manuel Bellido (Presidente de Amigos del Desierto) o Ana Domínguez (Vicepresidenta de Amigos del Desierto). Sara es malagueña y el estreno estuvo acompañado por allegados que se acercaron a brindarle apoyo en el estreno de su último trabajo. La directora dedicó unas palabras a todos los que acompañan su trabajo día a día. 

¿Cómo surgió la idea de realizar este documental? 

Cuando me planteé la idea de hacer este documental, todavía no meditaba. Mi primer contacto con Pablo D’Ors fue puramente anecdótico en 2012; mi cuñado me habló de él y de su éxito Biografía del silencio y, aunque yo misma le regalé el libro, en aquel momento ni lo abrí. Todo cambió años después, entre 2020 y 2021, a raíz de una experiencia profundamente transformadora que viví mientras hacía el Camino de Santiago con dos amigas muy creyentes. Al volver, siguiendo el consejo de mi amiga Rocío, hablé con Ramón, el entonces párroco de mi barrio, El Tarajal. Él, que siempre ha sido una persona muy cercana, me recomendó otro libro de Pablo: Biografía de la Luz. Esa lectura fue un punto de inflexión total. Me cambió por completo la forma de mirar la vida. Tuve la suerte de entrevistar a Pablo D’Ors un mes después de aquel encuentro, sentí la necesidad de devolver de alguna manera todo el bien que su obra me había hecho y le propuse llevar su mensaje al lenguaje audiovisual a través de un documental. Pablo aceptó, pero cambió el enfoque del proyecto: me invitó a que no lo hiciera solo sobre él, sino sobre “Amigos del Desierto”, la red de meditadores que él mismo había creado.

¿Cómo le explicaría a alguien que nunca ha escuchado hablar de “Amigos del Desierto” lo que es? 

“Amigos del Desierto” es una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a divulgar la meditación. Está fundada por el escritor y sacerdote Pablo D'Ors, y me gusta recalcar que es sin ánimo de lucro porque todas las personas que colaboran en la asociación lo hacen de manera desinteresada. Tienen una absoluta entrega y dedicación, pero de manera desinteresada.

¿Cómo ha sido realizar el documental desde dentro? 

Aunque mi primer acercamiento fue puramente profesional, con esa mirada periodística de quien quiere documentar algo externo, Pablo me invitó a dar un paso más: realizar el retiro de iniciación. Él propone un camino espiritual dentro de “Amigos del Desierto” y yo llevaba años practicando yoga y siempre me ha fascinado todo lo relacionado con el alma y el ser humano. Vengo de una educación cristiana, mi madre era una mujer muy activa en la parroquia de El Tarajal, pero al llegar a la adolescencia me distancié de todo aquello. Sin embargo, ese anhelo de búsqueda siempre permaneció dentro de mí. De hecho, antes de hablar con Pablo, ya había curioseado su web e intenté apuntarme a un retiro, pero un accidente de bicicleta me lo impidió. Finalmente, cuando entré en la asociación, dejé de ser una observadora para convertirme en un miembro más. 
Ha sido un proceso de tres años de rodaje que, visto con perspectiva, ha tenido todo el sentido del mundo. No soy la misma Sara que empezó a grabar hace tres años. Mi propia transformación personal se ha reflejado en la película. Al principio, yo llegué cargada de prejuicios. Me incomodaba el "apellido" de meditación de tradición cristiana; quería obviarlo o esconderlo por miedo a que generara rechazo social. Pero a lo largo del proceso, ese prejuicio se cayó. Hoy, no solo no lo oculto, sino que es algo que quiero resaltar. Mi evolución personal ha ido de la mano con la forma en la que he decidido mirar y contar este documental.

"La meditación me ha abierto los ojos a una nueva forma de vivir que yo desconocía"

 

Los pilares del documental son la meditación y el silencio. ¿Es el silencio una experiencia transformadora? 

Sí. En el documental aparecen testimonios como el de Roberto, que reconoce abiertamente que no era creyente y que jamás había leído el Evangelio; sin embargo, ahora se sorprende a sí mismo levantándose cada mañana para leerlo. Cuando escuchas historias así, te das cuenta del poder real que tiene el silencio para transformar a una persona desde la raíz. Ese silencio nos obliga a mirar hacia dentro y a callar el ruido constante que nos rodea: esas voces que nos exigen rendimiento, hiperactividad y una productividad sin descanso. Vivimos en una sociedad que nos ha educado para "hacer", pero se ha olvidado de enseñarnos a "ser". Esa es precisamente la invitación de Pablo D'Ors: recordarnos que no hemos venido a este mundo a sufrir, sino a vivir y a disfrutar. Pero en “Amigos del Desierto” no nos quedamos solo en la quietud. La práctica va más allá de la "sentada" física; también trabajamos con la palabra. Después de meditar, compartimos textos y reflexiones en "tríadas", lo que permite que ese cambio interno se convierta en algo compartido y profundo.

¿Qué diferencia hay entre la meditación cristiana y otro tipo de meditaciones o prácticas? 

Es una pregunta que le hago a Pablo en el documental. Yo no he conocido otro tipo de meditación porque he empezado a practicar la meditación con “Amigos del Desierto”, pero la respuesta que da Pablo es que la meditación cristiana pone el foco en el corazón; mientras que hay otras que se centran más en otros puntos del cuerpo, él la define como la oración del corazón.

¿Y cuáles son los frutos de la meditación? 

Lo primero que me viene a la mente es la aceptación. He aprendido a no luchar constantemente contra la realidad, a no enfadarme o frustrarme cuando las cosas no son como yo quiero. No es que lo consiga siempre, porque es algo dificilísimo, pero al menos ahora lo tengo presente. Pasamos la vida queriendo cambiar a la gente que nos rodea y a las situaciones, y el verdadero "clic" ocurre cuando aceptas que esa persona es así, sin juzgar si es mejor o peor, o si te quiere más o menos por actuar de esa forma. Simplemente, es. Esa aceptación es una liberación enorme. Otra máxima que intento aplicarme es entender que cada uno lo hace lo mejor que puede dadas sus circunstancias. Esto va de la mano con aprender a disfrutar de lo que tenemos y confiar en que todo pasa por algo; incluso los momentos duros o dolorosos tienen un "para qué", aunque en el instante no seamos capaces de verlo.  La meditación me ha abierto los ojos a una nueva forma de vivir que yo desconocía. Antes, simplemente vivía como sabía, pero ahora estoy empezando a descubrir lo que es sentir una paz y una tranquilidad real. Se trata de disfrutar del hacer, de cualquier cosa que estés haciendo en ese momento.

¿Cree que esta forma de vivir el cristianismo puede acercar a más gente a Dios? 

Sí, totalmente. Creo que Pablo D’Ors está realizando una labor inmensa y muy valiosa. Hay muchísimas personas que por mil razones se alejaron o rechazaron a Dios, y él está logrando que vuelvan a acercarse desde un lugar distinto: con una sutileza y un respeto admirables, sin intentar convencer a nadie. En “Amigos del Desierto” conviven perfiles de todo tipo: creyentes practicantes, ateos, personas que vienen del sufismo, pero a todos nos une ese mismo anhelo, esa búsqueda constante. Pablo ha conseguido ponernos a todos en un camino común.  En mi caso personal, lo que ha ocurrido es casi magia. Me emociono al recordarlo porque mi madre, que era una mujer de muchísima fe y muy practicante, llegó a conocer a Pablo y le preguntó: "¿Pero qué has hecho con mi niña?". Siento que este documental es el mejor homenaje que puedo rendirle a ella. Mi madre falleció en agosto del año pasado y ella fue quien plantó la semilla de la fe en mí, y la cultivó y regó durante años.  Yo necesité hacer mi propio camino, alejarme para después volver, pero ahora siento que he regresado a lo que ella me enseñó. He perdido el miedo a ese "apellido" cristiano del que hablaba al principio. Y la mayor sorpresa de todo este proceso es que, al abrazar esa verdad sin complejos, me estoy encontrando con que la película está teniendo una aceptación maravillosa entre el público.

¿Tiene pensado seguir una misma línea, de documental, sobre historia humana, en los próximos proyectos? 

Sí, porque me interesa el género documental y porque la realidad es increíblemente rica, compleja y misteriosa; siento que hay mucho material por explorar ahí fuera. Sin embargo, tengo en mente una idea, aún muy embrionaria, para saltar a la ficción. Me gustaría escribir una historia que hable de la fe y del amor, inspirándome profundamente en la vida de mi madre. Al reflexionar sobre ella estos meses, me he dado cuenta de que la fe fue el motor que la movió siempre. Lo que más admiro, y lo que me gustaría capturar, es que ella mantuvo su camino incluso viniendo de una familia no muy religiosa. A lo largo de su vida, algunas personas se metían con ella o le hacían bromas por sus creencias, pero a ella nunca le importó; siguió adelante con valentía y personalidad. Viéndolo ahora con perspectiva, me parece que tenía un valor enorme y me encantaría honrar esa fe tan grande a través del cine.

El documental se estrenará próximamente, ¿qué le diría a alguien que está pensando en ir a verlo? ¿Qué lo diferencia de otras proyecciones que pueda haber en la cartelera? 

Le diría que si busca un ratito de paz, de tranquilidad y, sobre todo, de parar entrara a ver el documental porque es una invitación a reflexionar sobre algo que quizá todavía no conocen. Lo que diferencia a esta película de cualquier otras es que verla exige un poco de paciencia; es, en sí misma, una experiencia de contemplación. He querido transmitir la esencia de la meditación a través del lenguaje audiovisual: hay muchos silencios, hay secuencias donde simplemente te invito a observar lo que está pasando, sin prisas.  Viví un momento mágico en la proyección del pasado domingo 8 de marzo: se creó una comunión preciosa entre el silencio que ocurría en la pantalla y el silencio sepulcral de la sala. Fue un ejercicio colectivo de calma. Así que, si alguien decide ir a verla, que sepa que va a relajarse y a conectar con algo más profundo. Es un espacio para respirar.

¿Qué ha supuesto espiritualmente para usted entrar en “Amigos del Desierto”? 

Me ha dado una comunidad. Aunque yo siempre me he sentido creyente, me había alejado de la Iglesia y no tenía un entorno donde compartir mi fe; en mis círculos habituales no encontraba esa conexión. Un amigo siempre me decía que yo estaba "en búsqueda", y aunque en ese momento yo no lo sabía ver, ahora entiendo que tenía toda la razón. El destino hizo que empezara a meditar en diciembre de 2022, justo el mismo mes en que le detectaron el cáncer a mi madre. Estoy convencida de que la meditación llegó a mi vida en el momento exacto para darme las herramientas necesarias para afrontar lo que vendría después. Fue una situación familiar devastadora: los tres pilares de mi vida (mi madre, mi padre y mi chico) enfermaron de cáncer a la vez.  En medio de ese caos, “Amigos del Desierto” fue mi sostén. Allí encontré mucho más que compañeros de meditación; encontré amigos del alma, personas que hablan desde el corazón y que me ofrecieron un apoyo, una escucha y un cariño que difícilmente podría haber encontrado en otro lugar. Para mí, ha sido una ayuda incalculable y la respuesta definitiva a ese anhelo que llevaba años persiguiéndome.