Distintas personas, diversos lugares, una única misión
Sacerdotes congregados minutos antes de la Misa Crismal 2026 //LAZARUS

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

La mies es abundante y los obreros pocos (Mt 9,37). Esta queja del Buen Pastor, cargada de amor por el rebaño, se hace más patente cuando se llevan a cabo los cambios de destino pastoral de algunos sacerdotes. 

Estos traslados de una comunidad a otra suelen producir un cierto desgarro en el pastor y en la parroquia, pues cada sacerdote es parte de la historia vital de la comunidad que ha servido: ha bautizado, ha presidido la Eucaristía, ha asistido a enfermos, ha compartido el dolor de la muerte de seres queridos, ha sido testigo de enlaces matrimoniales, ha acompañado el crecimiento en la fe de niños y jóvenes, ha alentado la atención a los más pobres…

Estos cambios son necesarios para atender, lo mejor posible, las necesidades de parroquias y servicios diocesanos: algunos párrocos se jubilan después de muchos años de servicio a sus feligreses; a otros les toca sumar nuevas responsabilidades, ya que no hay suficiente relevo, aunque tengamos la valiosa ayuda de hermanos sacerdotes que vienen de otros países. Además, los traslados pueden alentar en el cura un renovado impulso misionero, al comenzar en una realidad nueva con la experiencia vivida, corrigiendo errores y alentando aciertos.  

«El sacerdote destinado a una nueva comunidad debe situarse ante ella con un espíritu de escucha, de valoración de todo lo realizado y de búsqueda de las respuestas adecuadas a los desafíos pastorales pendientes»

Un solo rebaño y un solo Pastor (Jn 10,16). Este deseo de Jesús es una llamada a la comunión y a la corresponsabilidad. Estamos invitados a “alzar la mirada” más allá de nuestro grupo de fe, del límite de nuestra parroquia y de las sintonías personales, para contemplar la totalidad del rebaño. Todos estamos implicados en una “única misión”. El próximo Plan Pastoral nos dará pistas y alentará nuestro espíritu eclesial y misionero.

El traslado de un sacerdote invita, a él mismo y a la comunidad que ha acompañado, a una acción de gracias por la experiencia vivida. A su vez, el sacerdote destinado a una nueva comunidad debe situarse ante ella con un espíritu de escucha, de valoración de todo lo realizado y de búsqueda de las respuestas adecuadas a los desafíos pastorales pendientes

Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9,38). Estos momentos de cambios de destino, en los que se hacen patentes nuestras carencias, reclaman un mayor compromiso de todos los creyentes y avivan en nosotros la urgencia de una pastoral vocacional que aliente en los jóvenes la respuesta a la llamada al sacerdocio.

Quisiera agradecer a los sacerdotes y diáconos que cambian su disponibilidad, que refleja el deseo de nuestro querido San Manuel González de servir a la diócesis “de balde y con todo lo nuestro”. Y reconozco el compromiso de tantos laicos y laicas comprometidos con sus parroquias, que aseguran la permanencia de la comunidad más allá de los pastores que la sirven.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.