Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
Con especial afecto me dirijo a quienes dedicáis vuestro tiempo, cariño y capacidades al servicio de los más vulnerables desde Cáritas y desde tantas realidades eclesiales comprometidas con la acción social. Gracias por hacer visible, con vuestra entrega cotidiana, la ternura de Dios hacia quienes más necesitan ser escuchados, acogidos y acompañados.
Vivimos un tiempo en el que se hace imprescindible fortalecer los vínculos y promover un sentido de pertenencia integrador y dinámico. Por eso quiero proponeros una tarea profundamente evangélica, que el papa León nos ha recordado repetidamente durante su viaje a España: tejer redes. Porque las redes unen, sostienen y hacen posible que nadie quede aislado.
En primer lugar, hemos de tejer redes con Jesucristo, origen y meta de toda nuestra entrega (cf. Jn 15, 4). León XIV nos ha recordado que «la caridad evangélica, fundada en Jesucristo y alimentada por su amor, da forma e identidad a la vida personal y comunitaria de todo cristiano». En efecto, «la caridad cristiana brota del amor de Dios derramado en el corazón del creyente» y nos mueve a ser «una Iglesia que anuncia a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres».
«La misión de Cáritas es también despertar la conciencia de toda la comunidad, para que cada bautizado descubra que la caridad no es una actividad añadida, sino una dimensión esencial de la fe»
Como Jesús y con Jesús, hemos de tejer redes con las personas necesitadas (cf. Ga 6, 2). Nuestra cercanía no puede limitarse a resolver necesidades materiales. El Santo Padre nos invita a conocer sus «historias de dolor, de esperanza y de búsqueda», a «aprender el lenguaje de la cercanía» y a acompañar procesos que devuelvan dignidad y esperanza. Incluso nos anima a dejarnos «evangelizar por ellos», porque Dios sigue hablándonos y bendiciéndonos a través de quienes la sociedad deja en los márgenes.
Estamos llamados a tejer redes en nuestras parroquias (cf. Jn 17, 21). El grupo de Cáritas no puede ser un grupo aislado, pues la acción social, como «la acogida del migrante, no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios». La misión de Cáritas, por tanto, es también despertar la conciencia de toda la comunidad, para que cada bautizado descubra que la caridad no es una actividad añadida, sino una dimensión esencial de la fe.
Finalmente, es necesario tejer redes con quienes no comparten nuestra fe (Mt 5, 14-16). El servicio desinteresado crea espacios de encuentro donde desaparecen prejuicios y se construye el bien común. La caridad posee un lenguaje universal que todos pueden comprender y constituye «un testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad».
Que María, Madre de la Esperanza, nos enseñe a vivir una caridad humilde, valiente y perseverante. Y que el Señor nos conceda la gracia de seguir tejiendo redes de fraternidad que abran caminos de futuro a quienes más lo necesitan.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
