Que brille nuestra  “magnífica humanidad”
León XIV firma la encíclica "Magnifica Humanitas" //VATICAN MEDIA

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Quisiera animaros a profundizar en la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), dedicada a la «custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial» (IA). Este documento, fruto de años de escucha, actualiza la tradición de las grandes encíclicas sociales iniciada por León XIII con Rerum Novarum (1891), que abordó los desafíos de la «revolución industrial», y continuada recientemente por Francisco con Laudato Si’ (2015), centrada en la «cuestión ecológica». 

La Iglesia no es experta en cuestiones técnicas, pero aporta «una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común». Con hondura teológica y realismo histórico, el Papa defiende la inviolable dignidad de la persona, el valor sagrado del trabajo y la urgencia de una justicia que proteja la libertad frente al poder de los algoritmos y los datos.

«Que esta encíclica y los discursos del Santo Padre en su visita a España nos ayuden a comprender el desafío de la Inteligencia Artificial, y a trabajar unidos para que siga resplandeciendo en el porvenir nuestra “magnífica humanidad”»

Lejos de rechazar el progreso técnico, la encíclica —inspirada en la rica tradición patrística y, de modo especial, en san Agustín— se presenta como una guía lúcida para orientar el debate sobre la IA con racionalidad, seriedad ética y esperanza. Su propósito es evitar que esta tecnología dé lugar a una nueva torre de Babel, que «sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios», y promover, en cambio, una «civilización del amor» más humana y fraterna.

El Papa insiste en que el progreso tecnológico solo será auténticamente humano si permanece al servicio de la persona y del bien común. Por ello, lanza un llamamiento universal: «La IA requiere hoy ser desarmada, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte, y puesta al servicio del bien común». Pero no basta con desarmar: es necesario «reparar los lazos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo».

León XIV, citando a Gandalf, el mago de El Señor de los Anillos, nos invita a todos a aportar nuestro granito de arena para hacer crecer la civilización del amor: desarmar las palabras, practicar la justicia para encontrar la paz, asumir la mirada de las víctimas, discernir con realismo qué es posible lograr y qué pasos podemos dar, y ejercitar el diálogo en todos los niveles, desde las relaciones personales hasta las internacionales. Incluso propone una espiritualidad eucarística arraigada en la vida de los pobres.

Que esta encíclica y los discursos del Santo Padre en su visita a España nos ayuden a comprender el desafío de la IA, y a trabajar unidos para que siga resplandeciendo en el porvenir nuestra “magnífica humanidad”.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.