Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
La Iglesia nos invita a venerar el Santísimo Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, que es el misterio de un Dios que se hace pan partido, presencia que abraza, acompaña y sostiene, sobre todo a los que sufren. En este “Día de la Caridad”, Cáritas nos urge con el lema: “Elige amar. Elige comunidad”.
1. Elige amar. El amor no es un sentimiento pasajero, sino la decisión de entregarme al otro como consecuencia de haberme encontrado con Cristo, que se entregó por mí.
Como nos dijo el papa Francisco, y León XIV ha seguido recordando, «los pobres son, ante todo, personas, y en sus rostros se oculta el de Cristo mismo». Amar es ver en cada persona su dignidad y mirarla con ternura; amar es negarse a resignarnos ante las injusticias; amar es no acostumbrarse a que tantos hermanos vivan precariamente, solos y excluidos.
Los datos que Cáritas ha puesto de relieve en su memoria son un grito que interpela nuestra fe, ya que miles de personas, en Málaga y Melilla, están atrapadas por la imposibilidad de conseguir una vivienda o un trabajo mínimamente dignos. Ante esta situación no podemos ignorar que amar significa proteger la vida y defender la dignidad de los seres humanos, trabajando para que nuestro mundo sea más justo, porque el amor cristiano no se queda en palabras, sino que impulsa a escuchar y acompañar a los que sufren, a ponernos al lado de los débiles y dejarnos tocar por su sufrimiento.
«Los datos que Cáritas ha puesto de relieve en su memoria son un grito que interpela nuestra fe, ya que miles de personas, en Málaga y Melilla, están atrapadas por la imposibilidad de conseguir una vivienda o un trabajo mínimamente dignos»
2. Elige comunidad. El amor construye comunidad. La Iglesia está llamada a ser el “hogar” en el que todos encuentran un lugar. Cáritas nos recuerda que nuestras comunidades han de ser espacios de encuentro y apoyo mutuo, en los que la diversidad se convierte en riqueza y donde nadie permanece a la intemperie.
Frente a lo que el papa León ha llamado “el síndrome de Babel”, que busca “asegurarse estabilidad y poder”, propone a Nehemías, que convocó a las familias de aquella Jerusalén derruida confiando a cada una un tramo de la muralla destruida y logró así que la ciudad renaciera, «no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo». La comunidad cristiana debe ser signo del abrazo de Dios, y su fuerza nace de la caridad vivida, compartida y organizada.
Hoy, más que nunca, necesitamos comunidades que sean luz y esperanza por estar arraigadas en Dios y comprometidas con los pobres, comunidades que generen redes y sostengan a quienes no pueden sostenerse solos.
En el Corpus Christi, el Señor nos invita a amar, dándonos a quien nos necesita como Él y con Él, y a formar comunidad, como granos que hacen un mismo pan. Así seremos “cuerpo” de Cristo para el mundo.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
