Comunicar en cristiano
Detalle del Cartel de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Socialesas

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: 

Vivimos en una época donde la comunicación ocupa gran parte de nuestra vida. Nunca habíamos tenido tantos medios para expresarnos y, sin embargo, pocas veces había resultado tan difícil reconocernos de verdad. Las palabras circulan con rapidez, las opiniones se multiplican y, con frecuencia, el barullo termina imponiéndose a la reflexión serena. Para ayudarnos a comunicar desde el espíritu del Evangelio, quisiera proponer tres actitudes fundamentales: verdad, humildad y caridad. 

Verdad. En el actual clima de crispación podemos acostumbrarnos, casi sin darnos cuenta, a la manipulación y la descalificación de personas. Si recurrimos a la mentira para defender a la Iglesia, a nuestro grupo de fe o al partido político preferido, quizá ganemos alguna batalla, pero nos alejaremos de Cristo, pues Él es la Verdad con mayúscula. Mientras que «quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios», como señaló con tanta lucidez santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein). 

Cristo no nos pidió ganar debates, sino permanecer en la verdad. La mentira, incluso cuando parece útil, destruye. La verdad, aunque resulte incómoda, libera y abre caminos de crecimiento. Por eso, comunicar en cristiano exige contención para no difundir mensajes inciertos y honestidad para no exagerar una parte de la información, ocultando aspectos relevantes. Comunicar en cristiano exige, en definitiva, el coraje de buscar y transmitir la verdad. 

«Conviene preguntarnos si nuestras palabras fortalecen realmente la esperanza de quienes sufren y la fraternidad entre personas y pueblos»

Humildad. No somos propietarios de la verdad, sino sus servidores. La humildad nos enseña a escuchar antes de responder, a comprender antes de juzgar y a reconocer que nadie posee una mirada completa sobre la realidad, porque la verdad de Dios, del mundo y de nosotros mismos no cabe en nuestra pequeña cabeza. 

Además, el papa León XIV ha insistido recientemente en la importancia de custodiar “las voces y los rostros humanos” en medio de una comunicación cada vez más acelerada y tecnológica. En este contexto, los creyentes estamos llamados a encontrarnos y dialogar desde la serenidad y la humildad. 

Caridad. Parafraseando a san Pablo, podemos decir que, aunque tuviéramos la mejor información y la más brillante estrategia comunicativa, si no tenemos amor, de nada nos sirve. Santa Teresa Benedicta de la Cruz nos recordó la necesidad de unir verdad y caridad: «No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad». También la verdad, cuando la usamos como un arma arrojadiza, puede herir a nuestro interlocutor e incluso dañar la convivencia. 

Por eso, conviene preguntarnos si nuestras palabras fortalecen realmente la esperanza de quienes sufren y la fraternidad entre personas y pueblos. No olvidemos que el lenguaje es un don sagrado para tender puentes que unan, no para levantar muros que dividan. 

Con el deseo de que el Señor resucitado renueve nuestro modo de escuchar y de manifestarnos, y nos ayude a crecer en verdad, humildad y caridad, recibid un saludo muy cordial en el Señor.