Dr. Gálvez Ginachero, siempre actual
José Gálvez Ginachero //GEMINI

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Al acercarnos al 29 de abril, fecha en la que se cumple el 74 aniversario del fallecimiento del Dr. José Gálvez Ginachero, nuestro corazón se llena de gratitud por la huella que dejó en nuestra tierra. Este médico malagueño, nacido el 29 de septiembre de 1866 y actualmente en proceso de beatificación, continúa iluminando nuestro presente y ofreciéndonos un testimonio vivo de fe, esperanza y caridad.

Fe. Se sabe que el Dr. Gálvez, antes de entrar en quirófano, dedicaba siempre un breve momento a la oración. No lo hacía para ser visto, sino como un acto íntimo de confianza en Dios. En su fe reconocemos una luz que sostiene, unifica y orienta hacia lo esencial. Su vida estuvo marcada por una profunda rectitud interior y por una coherencia que se transparentaba en cada decisión. La fe no lo apartó del mundo; al contrario, lo llevó a implicarse más en él, desde un modo de servir que, aun teniendo notoriedad pública, nunca buscó el protagonismo. Su ejemplo nos recuerda que la fe auténtica no se exhibe, sino que se encarna en gestos concretos de entrega.

Esperanza. Durante los brotes de enfermedades infecciosas que afectaron a Málaga, el Dr. Gálvez se convirtió en un verdadero referente de esperanza. Mientras otros se dejaban llevar por el miedo, él organizaba recursos, atendía a los enfermos y animaba a sus colaboradores. Supo mirar de frente la realidad, con sus heridas y desafíos, y se comprometió activamente en transformarla. Afrontó tiempos difíciles con la seguridad de que Dios no nos deja de su mano y actúa siempre en nuestro favor. Su ejemplo nos invita a no dejarnos vencer por el desánimo, a cultivar una mirada capaz de descubrir posibilidades donde otros solo ven límites y a trabajar con perseverancia por un futuro más humano y fraterno.

Caridad. Nunca cobró a quien no podía pagar y, además, en muchas ocasiones costeó personalmente medicinas, alimentos o ropa para los más necesitados. Lo hacía con discreción, evitando que nadie se sintiera humillado. Tras largas jornadas de trabajo, salía por la noche a visitar enfermos en casas humildes. La caridad, virtud que impregnó toda su existencia, lo impulsó al trabajo bien hecho y al servicio perseverante y discreto. Es la caridad de los “santos de la puerta de al lado”, de los que hablaba el papa Francisco: personas que, sin estridencias, hacen de lo ordinario un lugar de fidelidad y entrega. En el Dr. Gálvez vemos cómo la santidad se encarna en lo cotidiano y se transparenta en gestos, pequeños y grandes, que nutren la esperanza y alivian el sufrimiento de los demás.

Pidamos al Señor que esta memoria del Dr. Gálvez siga dando fruto en nuestra Iglesia diocesana, especialmente entre los cristianos y cristianas laicos.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.