Liturgia propia del beato Tiburcio Arnaiz SJ
Lienzo con la imagen del beato Tiburcio Arnaiz SJ, descubierta en su beatificación en la Catedral de Málaga

Beati Tiburtii Arnaiz Muñoz, presbyteri

De Communi pastorum: pro uno pastore, vel de Communi sanctorum: pro religiosis.

Collecta

Deus, 
qui beátum Tibúrtium, presbýterum,
ineffabílium divitiárum Cordis Fílii tui 
apóstolum constituísti,
concéde nobis ut, eódem spíritu fervéntes,
nos te super ómnia diligámus
et frátribus nostris assídue inserviámus.
Per Dóminum.
 

Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, presbítero

Del Común de pastores: para un pastor o del Común de santos: para religiosos.

Oración colecta

Oh, Dios,
que constituiste al beato Tiburcio, presbítero,
en apóstol de las insondables riquezas del Corazón de tu Hijo,
concédenos que, enardecidos por su mismo espíritu,
te amemos a ti sobre todas las cosas
y te sirvamos incansablemente en nuestros hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
 

Primera lectura

Flp 3,8-14: «Corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús».
Hermanos: todo lo considero pérdida...

 

Salmo responsorial

Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11

R/. (2a; 9a): Bendigo al Señor en todo momento.

 

Aleluya

Cf. Mt 11, 25: Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.

 

Evangelio

Lc 12, 32-34: «Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino».
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No temas...
 

Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, presbítero

Nació el 11 de agosto de 1865 en Valladolid, ciudad en la que fue ordenado presbítero el 20 de abril de 1890. Al morir su madre, sintió una fuerte llamada a la santidad y, a los 37 años, ingresó en la Compañía de Jesús. Destinado a Málaga en abril de 1912, fomentó en gran manera la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, elevó el nivel espiritual de sacerdotes y seglares desde el confesionario y mediante los Ejercicios Espirituales y recorrió gran parte de Andalucía como misionero popular. En 1922 fundó, con la ayuda de algunas seglares, las llamadas «Doctrinas Rurales» para realizar una labor catequética, caritativa y cultural en los pueblos y aldeas más abandonadas. Murió en Málaga el 18 de julio de 1926.

Del Común de pastores: para un presbítero, o de santos varones: para los religiosos.

Oficio de lectura

Segunda lectura

De los escritos del beato Tiburcio, presbítero. 

(Sermón sobre la importancia de la salvación: Positio super vita, virtutibus et fama sanctitatis, pág. 408-409.411-412 )

Hacerte feliz para siempre

Dios es grande, admirable, infinito en  todos sus atributos; levanto la vista, veo los cielos...  me veo a mí  y digo: Qué grande es Dios.

 Dios crió las cosas. Lo dice también la fe: Creó Dios el cielo y la tierra. ¿Y para qué? Para su gloria. Crió las cosas para que por ellas conociera el hombre a Dios, le amara más por los bienes que a él le reportan, y lo sirviera mejor por verse tan favorecido y obsequiado de este Señor, que no sólo le dio lo necesario, sino también mucho más, de recreo y gusto.

 Se mira a sí mismo y se dice: ¿quién me ha criado? No mis padres sino Dios; yo soy de Dios, y las cosas que me dio también; y ¿qué quiere Dios de mí? Hacerte feliz para siempre, porque te ama. Ese es tu fin; para eso te crió. Luego esto es lo único que a mí me interesa, lo único necesario, lo único importante.

 Conocer nuestro fin y alcanzarle es la gracia y bien mayor que podemos pedir al Señor por mediación de su Santísima Madre.

Oíd, dice San Agustín, oídme, ricos, oídme, pobres. ¿Que tenéis?, si no tenéis a Dios. Si tenéis a Dios, ¿qué os falta? Uno es Dios, una es nuestra alma, una es nuestra fe: a esto debo dirigir todos mis esfuerzos.

 Tan necesaria es la salvación que siempre y a todas horas la tengo que procurar; la hemos de anteponer a todo: a la riqueza, comodidades, afectos de familia,  aún a los más cercanos; es más, aún a nosotros. 

La consideración de lo necesaria que es nuestra salvación, si bien la penetramos, es bastante para hacernos salir del pecado; para triunfar de todas las tentaciones y dificultades que se oponen a ella.

Si pensáramos en las grandezas del cielo, ¿cómo no las ansiaríamos más? Los cielos nos anuncian la gloria de Dios y su grandeza y sabiduría. El Apóstol nos dice que las cosas visibles son rastros de las huellas de Dios. Todas las cosas que más estiman los hombres son bosquejos de las que nos  esperan; son unas como muestras o miniaturas de lo que nos espera. 

San Agustín, al ver el fasto de la corte de Roma, le fascinaba, pero después decía: ¿Y qué es todo esto? Si la ciencia, si las riquezas y goces, si la vista de ciudades, si la comunicación con gentes..., si la amistad de poderosos, si el cariño y amor... Allí serás amado y amarás a los tuyos y a todos los buenos, a María Santísima y a Dios.

Debo desear  la salvación en la misma  proporción que debo amar a Dios, pues en sí encierra salvar mi alma; pero a Dios le debo amar más que a todas las cosas por ser el bien sumo en cuya comparación todas las cosas son nada. Y aún más, sólo a Dios he de amar, y, si amo alguna cosa por otro motivo que por amor a Dios, le desagrado.

 Este deseo de la salvación hacía decir a David: ¿Cuándo, Señor, os veré y poseeré? A San Pablo: ¿Quién me librará de la esclavitud de este cuerpo? La ganancia está en morir. Sin embargo, ¡qué poco se codicia! 

Dios ha querido, que no podamos estar ciertos de nuestra salvación, con suma providencia; lo cual nos servirá para cumplir la sentencia del Apóstol: Labrad vuestra salvación con temor y temblor.

 

Responsorio (Fil 2,12-13; 4,19)

R/. Trabajad por vuestra salvación con temor y temblor, * Porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor.

V/. Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. * Porque es Dios.
 

Oración

Oh, Dios, que constituiste al beato Tiburcio, presbítero, en apóstol de las insondables riquezas del Corazón de tu Hijo, concédenos que, enardecidos por su mismo espíritu, te amemos a ti sobre todas las cosas y te sirvamos incansablemente en nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.