Es conocida la problemática en torno a la vivienda. Mientras la polémica se vive sin llegar a una solución, uno de los indicadores para medir el riesgo de exclusión social es precisamente la dificultad de acceso a los derechos básicos de cualquier persona como lo es la vivienda.
Sin entrar en las causas, que daría para mucho, hemos construido una cultura en la que se obvia el hecho de que entre las necesidades básicas de cualquier persona se encuentra la vivienda; una cultura en la que prima un individualismo que nos propone que alcanzar aquello que necesitamos depende exclusivamente de nuestro propio esfuerzo. Por eso, con la vivienda se puede especular para ganar dinero y quienes no pueden acceder a ella, jóvenes, migrantes, desempleados, trabajadores en precario…, son causantes de no haber hecho los méritos necesarios para poder adquirirla.
Desde la campaña de la HOAC “Cuidar el trabajo, cuidar la vida” queremos dar visibilidad a una forma diferente de entender causas y soluciones. Es necesario que superemos el individualismo y que creemos una “cultura del encuentro”, como nos decía el papa Francisco, donde superemos el “sálvese el que pueda” y la idea de que “no hay nada que podamos hacer para cambiar las cosas”. El relato que nos proponen no concuerda con las vidas de aquellas personas que no pueden ejercer elegir libremente un proyecto de vida y desarrollarlo. Ese relato señala y estigmatiza a las personas afectadas; culpabiliza a los pobres de ser pobres; provoca el rechazo, la exclusión, la aporofobia y evita que se promulguen leyes justas que devuelvan la dignidad a quien se la hemos arrebatado privándolos de los bienes necesarios como la vivienda, el trabajo, el alimento, la educación, la sanidad, la asistencia y las ayudas básicas.
Desde este día de la HOAC queremos, en medio de un proceso sinodal de comunión de la Iglesia y con el mundo, revitalizar el sentido de comunidad y participación. Todo ha de tender, como nos dice la Doctrina Social de la Iglesia, hacia el bien común, la solidaridad, el destino universal de los bienes y la subsidiaridad. Es una llamada a restituir, que es signo de justicia, a compartir que es signo de amor y a pasar de “pensar en los mío” a “pensar en lo nuestro” que también es mío.
José Luis Fernández Orta
