María Román es una de las malagueñas participantes en la peregrinación que acaba de regresar de Tierra Santa después de unos días de angustia puesto que, el día que tenían que volar rumbo de nuevo a España, quedó suspendido el espacio aéreo israelí por el inicio del conflicto en Oriente Medio. A pesar del miedo, afirma, «sabíamos que el Señor nos iba a rescatar, que nos llevaba en alas de águila». Para el también malagueño José Belinchón, organizador del viaje, «ha sido una oportunidad de sentir la comunión de los santos por la cantidad de gente que ha rezado por nosotros».
Perteneciente a una comunidad neocatecumenal de la parroquia de San Antonio María Claret, María Román es soltera y está jubilada. Participar en la peregrinación tan accidentada como esta ha sido, no obstante «un encuentro con el Señor fuerte en mi vida, porque nos ha querido llevar por ese camino para encontrarnos con Él. Y hemos sido unos privilegiados porque yo, que había estado allí otras dos veces, he tenido el privilegio de visitar los santos lugares con mucho recogimiento e intimidad pues había muy pocos peregrinos. Ha sido una experiencia grabada a fuego en mi corazón, porque el Señor me ha hablado de la humildad, de la disponibilidad... Yo he salido muy contenta de todo».
A pesar del sonido de los misiles y de las continuas llamadas a refugiarse en los búnkeres, María lo ha vivido con tranquilidad: «Nosotros escuchábamos los impactos, las sirenas continuamente, pero yo estaba confiada en el Señor. Y es verdad que estamos contentos porque el Señor ha estado grande con nosotros, como dice el salmo, y estamos alegres. Hemos vivido esto en el grupo estupendamente».
«Sin lugar a dudas es lo más difícil que me ha ocurrido en mi vida y en la de todos los peregrinos que hemos ido. Pero todo es para bien, como dice San Pablo». José Belinchón, organizador del viaje
La enseñanza de esta experiencia está muy clara para la malagueña: «ha sido una llamada a ser pacientes, a confiar en el Señor. Yo, cuando me fui, me decían que estaba loca, porque no se sabía lo que podía pasar allí. Yo sabía que también podía pasar aquí, porque nuestra vida es caduca. En un momento, el Señor cambia las cosas y te vas y ya está». La oración fue fundamental para sostenerse en los momentos más difíciles: «Yo rezo mucho la oración de la confianza de San Carlos de Foucauld que dice: “Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras”. Pues yo le decía al Señor allí todos los días: “Señor, yo quiero lo que tú quieras”. Y he tenido esa disponibilidad. No he sentido miedo para nada. Eso me lo arregla el Señor porque eso no es mío. Y me lo ha regalado porque Él lo ha querido».
Para lograr salir del país tuvieron que hacer un viaje por carretera de 17 horas para recorrer los 1.200 kilómetros hasta llegar a El Cairo desde donde pudieron coger un avión de regreso. María destaca la labor de la agencia que les gestionó la repatriación: «se han portado muy bien y nos sentimos muy atendidos en todo momento», señala.
Al frente de la expedición organizada por una parroquia almeriense, el también malagueño José Belinchón, colaborador de la agencia Halcón Viajes, con un largo historial de peregrinaciones a sus espaldas reconoce que «sin lugar a dudas es lo más difícil que me ha ocurrido en mi vida y en la de todos los peregrinos que hemos ido. Pero todo es para bien, como dice San Pablo, hemos aprendido mucho y sobre todo hemos rezado en los lugares Santos. Cuando empezó la guerra y las alarmas hemos sentido, por la comunión de los santos, a tantas personas de toda España que han estado rezando por nosotros».
En ese Éxodo a la inversa que tuvieron que realizar para salir del país, desde Israel, la tierra prometida, atravesando el desierto, hasta llegar a Egipto, vivieron también una experiencia profunda de que el Señor no los abandonaba: «Hemos visto unos paisajes maravillosos, la larga travesía del desierto ha sido de una alegría inenarrable, cantando en el autobús, rezando el santo Rosario y dando vivas a la Virgen del Carmen y de la Victoria. Han sido unos días de oración continua y agradecimiento por todo lo que hemos vivido».
En ambos peregrinos, una oración final: la acción de gracias por su regreso, sanos y salvos; y una petición junto a toda la Iglesia: por la paz en el mundo entero y en especial en la tierra donde nació el Príncipe de la Paz.
