El domingo más cercano a la fiesta de san José, este año el 22 de marzo, se celebra el Día del Seminario en todas las diócesis de España; en la de la Málaga, la campaña arranca con dos invitaciones para jóvenes, niños y adolescentes a subir al Seminario y conocerlo.
La primera de ellas tiene lugar este mismo viernes, 6 de marzo, a las 20.30 horas. El tradicional “Adoremus” para los jóvenes se traslada a la Capilla del Buen Pastor del Seminario Diocesano, corazón de la diócesis, y lo organizan la Delegación de Juventud y los seminaristas. Se trata de un tiempo de oración ante el Santísimo en el lugar donde han rezado miles de seminaristas desde que lo construyera san Manuel González.
La segunda convocatoria es la experiencia “Venid y lo veréis”, que tendrá lugar los sábados 14 y 21 de marzo, de 10.00 a 15.00 horas, y de la que os contaremos en estos días.
Cómo surgió Adoremus
Eulogio Abelenda, es el responsable diocesano de esta experiencia.
¿Cómo surgieron los encuentros Adoremus en la diócesis? Surgieron con el objetivo de dar a los jóvenes un espacio de encuentro real con Cristo. Más allá de actividades puntuales, se quiso ofrecer un momento de oración, bien preparado y accesible para todos. Empezaron hace ya varios años sin saber la repercusión que tendrían, pero el boca a boca hizo que fuera creciendo y consolidándose en nuestra Diócesis los primeros viernes de cada mes.
¿Qué tienen estos encuentros que enganchan a los jóvenes? Todos necesitamos estos momentos, sobre todo de pausa ante tanto ruido y rutinas que nos hacen llevar un ritmo frenético en nuestras vidas. Es un encuentro donde la música ayuda a entrar en oración, el silencio permite escuchar a Dios y se crea un clima muy propicio. Además, se crean lazos de comunidad. Los jóvenes descubrimos que no estamos solos en este caminar en la fe, que hay otros como nosotros que buscan lo mismo, y eso nos anima a implicarnos y a volver.
Este año, algunos de estos encuentros comienzan con un tiempo de formación, ¿cómo surgió la idea? Creemos que es importante ofrecer y combinar con este tipo de actividades, para profundizar y seguir creciendo en la fe. Es algo que los jóvenes pedían mucho. Es un espacio donde ellos mismos se sienten escuchados y protagonistas, tratando temas que les interesan y que son de actualidad.
Testimonios
Carmen Gaspar tiene 22 años y afirma que «este ratito del Adoremus se necesita para volver al centro, que es Dios. Durante la semana, entramos en modo automático con la universidad, los estudios y con mil responsabilidades del día a día… y es fácil perder el rumbo de nuestro camino. Esta experiencia sirve para parar, respirar y recordar quién soy y para qué vivo. Además, me encanta que comiencen con un tiempo de formación porque, cuando vas creciendo, te das cuenta de que la fe no solo consiste en sentir, sino que tienes que crecer, responder a las mil dudas, madurar y que no se quede en algo superficial, sino que te lleve a la misión».
Es un espacio donde ellos mismos se sienten escuchados y protagonistas, tratando temas que les interesan y que son de actualidad.
Para Juanma Espinar, «el Adoremus es un momento privilegiado de encuentro con Dios. Todos necesitamos de la oración para que nuestra relación con Cristo vaya aumentando y lo vayamos conociendo cada vez más. Y ese momento, al final de la semana, me ayuda a que las caras que he ido arrastrando, cambien, y camine de la mano de Dios, apoyado en su fuerza y no en la mía. También me ayuda a sentirme Iglesia, a ver que no camino solo en la búsqueda del camino de Dios, sino que hay muchos jóvenes que comparten esa misma inquietud y mismo deseo de trascendencia y de ponerlo todo a los pies del Señor».
