Antes respondíamos a la pregunta -¿Cómo estás?- con la frase hecha: bien, regular o tirando. Hoy respondo sin pensar: vivo… de milagro.
En estos tiempos, ya no quedan sitios tranquilos ni poco peligrosos. Que se lo digan a los viandantes de las Ramblas barcelonesas o del paseo marítimo de Cambrils. La calle se ha convertido en un campo de minas generalizado, en el que te juegas la vida a cada paso.
Se trata de no estar en ese sitio y en esa hora en el momento oportuno (inoportuno en este caso). Le podemos llamar azar, casualidad o destino. La realidad es que el primer peligro que tiene nuestra existencia es el estar vivos. Por eso cuando en cualquier encuentro o conversación me preguntan que como me encuentro, siempre respondo de la misma manera: -vivo… de milagro, que ya es mucho en los tiempos que vivimos-.
A lo largo de mi ya dilatada vida, he pasado momentos difíciles, viajes largos y peligrosos, accidentes de coche, periplos marineros, vuelos con suspense… Conozco cuatro continentes y no estoy siempre de viaje porque a mi mujer se le quitaron las ganas en un vuelo a Londres en el que estuvo a punto de diñarla.
Este año había programado visitar la India para conocer la realidad de la fundación Vicente Ferrer. El viaje surgió a raíz de una entrevista que realicé al delegado de dicha fundación en Málaga. Me ofreció dos posibilidades: en agosto o en diciembre. Opté por la segunda fecha. Me había preparado el pasaporte y estaba a punto de comenzar a vacunarme. Poco después me entero del accidente que ha costado la vida a alguno de los participantes de la primera tanda. El miedo me ha podido.
En estos días han pasado por mi mente las horas que he pasado caminando por las ramblas… o por calle Larios… o por el paseo marítimo del Rincón. A esos placeres no voy a renunciar, pero por el momento aplazo mi viaje a la India… por si acaso. Soy un poco “pupas”. Si hay que perder una maleta es la mía. Si interroga a alguien la policía israelí… me toca a mí. Si pincho en el momento inoportuno… soy yo.
Seguiré hablando o escribiendo bien de la fundación Vicente Ferrer. Se lo merecen. Pero no voy a tentar al destino. Me quedan muchas cosas que hacer en esta bendita tierra mientras siga vivo… de milagro.
