No puedo, no sé dártelas como tal vez, la mayoría lo hace... Yo, no sé rezar.
De pequeña me enseñaron a repetir de memoria lo que mis mayores decían... hoy he descubierto la oración que deseaba ofrecerte.
Aquí está, para ti...
He remangado mis pantalones, y...ya ves, estoy en la orilla del mar. El agua está fría pero no me importa; me llega hasta las rodillas...
Debo acariciarla, porque tú la creaste y le diste movimiento: es como si fueses parte de ella.
No puede existir mejor plegaria que mi unión con toda tu creación, porque la naturaleza, lo sencillo... eso es lo que puede identificarse, sólo eso; el culto a las imágenes lo creó el hombre.
Yo no sé subir los escalones de las iglesias, porque tu templo está en mi alma. Tampoco puedo encenderte una vela, porque la llama viva del amor, la fe y la esperanza, arde en mi corazón...
No quiero arrodillarme ante ti, sino extender mis manos, para unirme contigo en un abrazo de felicidad y confianza. No quiero darme golpes en el pecho.... me faltan manos para sujetarme... los demás no dejan de hacerme la zancadilla, les encanta verme en el suelo y sangrar mis heridas.
Las tentaciones salen a mi encuentro... ¿cómo puedo yo romperlas sin resquebrajarme?
...¿Cómo poner fin a la necesidad de droga si es lo único que cubre el frío de mi helada vida?, ¿en que diluiré mi sangre que no me rompa el corazón?
Sí, mi Dios... ¿Qué puedo hacer de mi vida, si ya no tengo más esperanzas?
Aún así, gracias... mi buen Dios.
Transcripción de una historia clínica.
