La coronación
Ntra. Sra. de la Soledad Coronada, en la Catedral. FOTO: S. FENOSA

No se puede negar que los malagueños saben organizar estos actos de una manera espléndida.

El pasado sábado presencié por una televisión local el acto de coronación de Nuestra Señora de la Soledad. Ciertamente no se puede hacer mejor. Cuidaron hasta el último detalle la liturgia, el escenario y los participantes. Miles de malagueños y de aspirantes a serlo se vistieron con sus mejores galas, civiles y militares, las damas con mantilla y los hombres con chaqué, como merecía el caso.

Posteriormente se celebró una procesión, un poco larga de recorrido, que desfiló por las calles de la ciudad con la misma expectación que cualquier Jueves Santo. Finalmente. la Imagen, ya coronada, volvió a su templo de la vieja parroquia de Santo Domingo, allá en los percheles.

La Iglesia concede la coronación canónica a aquellas imágenes marianas que son objeto de un culto y una devoción extraordinarios. Es decir a aquellas que lo solicitan. La verdad es que la mayoría de las Vírgenes malagueñas son merecedoras de este privilegio, dado el predicamento que tienen entre sus convecinos y visitantes.

Como siempre mi reflexión se dirige a la Y. ¿Y ahora, que pasa? La respuesta la recibí el pasado lunes. Asistí a un encuentro entre los diversos delegados de formación y caridad de las cofradías malagueñas. Descubrí que, gracias a Dios, las cofradías están tomando un rumbo cada día más evangélico. Sus hermanos se preocupan de lo estético, de lo procesional y de lo formativo y la cercanía a los hermanos necesitados.

Me parece un paso trascendental que debemos agradecer al Espíritu que sopla sobre esos, no siempre comprendidos por mí, cofrades que están dando unos pasos muy importantes en el camino de la Evangelización. Los de la decimoquinta estación. Jesús ha resucitado.