Dios siempre es un Dios alegre. No abandona a su pueblo. Y desea que su gente esté contenta.

Mística y alegría

Nadie nos quitará la alegría que procede del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.  Y que gracias al Espíritu Santo podemos experimentar.  Cuando la presencia de Dios inunda el ser íntimo personal y comunitario ya no hay preguntas.  No son necesarias respuestas. Porque gozamos de la experiencia mística.  La respuesta por excelencia y con mayúsculas. Una manera de vivir única e incomparable que nos remite a la gloria.  Al deseo de Dios de que vivamos el cielo en la tierra.