Las intenciones del señor secretario
Pedro Sánchez

Es evidente que las intenciones del Secretario general del Partido socialista sobre el futuro de la Religión Católica no han pasado desapercibidas. Tertulias y artículos de opinión abundan en ello. Sin embargo, quizá, lo más interesante esté en la calle. El concepto “calle” pierde, poco a poco, el sabor de opinión espontánea que tuvo antaño; ahora se encuentra muy condicionado por el influjo de los “Medios”  Algún sociólogo ha dicho que  el hombre medio actual solo piensa de acuerdo con lo que le dicen los Medios. Es  posible, quizá, que por eso, el señor Sánchez ha utilizado ese sistema para llegar has el hombre medio. Lo ha hecho mediante, digamos, una “insinceridad”.  Ha declarado que, cuando llegue al poder,  denunciará – quiere decir eliminará - el  Concordato con la Santa Sede. Y  es evidente que no podrá hacerlo por la sencilla razón de que tal Concordato no existe. Hace más de treinta años que desapareció sustituido por una ley de libertad religiosa que afecta al Catolicismo y a todas las demás Confesiones Religiosas reconocidas en España e inscritas en el Ministerio de Justicia.
Volvamos a la “calle” Puedo asegurar que el señor Sánchez se ha equivocado; no ha tenido éxito. Puedo asegurar que  gran cantidad de personas no está con él. La gente no siente ninguna urgencia en, por ejemplo, sacar a los niños de las clases de Religión. Tiene otras perentoriedades y, además,  cree que la enseñanza religiosa beneficia a los niños, tanto a su presente como a su futuro.
De todas maneras, no es eso lo preocupante. Lo que, en verdad, resulta doloroso para los cristianos, para todos los cristianos, es la insistencia de los grupos denominados de izquierdas, por abolir toda referencia cristiana.
El cristianismo no es otra cosa que el amor de Dios en el corazón del hombre. Ese amor le lleva no solo a dar sino a darse.
La izquierda social es el intento por inculcar una  “moral” que lleve a al ser humano a trabajar por el bien común. No por el suyo exclusivamente
Pero la izquierda no hubiera entrado en el horizonte humano sin el ejemplo de aquel que, siendo Dios, se despojó de su riqueza para entrar en el espacio  de la pobreza y afirmar que aquel “que tenga dos camisas, sepa que una no es suya; es de su hermano”
La izquierda quiere eliminar a Dios. O sea, apartar el “precedente” que hace posible la existencia de ella misma. El hombre vive instalado en su egoísmo desde la propia Prehistoria; solo Dios puede erradicarlo. Sin la superación del egoísmo, la izquierda es coyuntural, pasajera… La izquierda es un “derribo” de algo que, en cuanto cambian las circunstancias, volverá  a edificarse.
La izquierda tiene una página en blanco. Un reto sin resolver ¿Es necesaria la dictadura del proletariado o no? La verdadera izquierda dice que sí. La historia del último siglo y medio dice que no. La socialdemocracia resultante se une al coro de los noes. El Señor Jesús, el Dios vivo y presente, dice que todo es posible en Él y que sin Él, nada podemos hacer.
¿Cómo resolver este enigma? Desde luego, mediante la utilización  insincera a al mensaje periodístico, no