El día de Mas
Mas, tras declarar ante el TSJC

Artur Mas ha vivido su jornada triunfal. Le dieron guardia de honor cuatrocientos alcaldes. En el ambiente flotaba el recuerdo del fusilamiento de mítico Company. Aún sonaban los gritos de la Diada y la emoción del “plebiscito” de la independencia. Esa independencia  casi ganado  por una lista insólita de derechas e izquierdas unidas en un supremo bien común. El futuro pintaba de rosa. Los futuros siempre son bellos hasta que llegan.
En definitiva un paso nostálgico hasta el siglo XIX cuando se acuñaron los ideales patrióticos populares ¿La felicidad de los pueblos depende de sus peculiaridades diferenciadoras? O, dicho de otra forma, ¿los pueblos son diferentes entre sí? Diferentes digo por su cualidades antropológicas. Pueblos honrados o perversos; trabajadores u holgazanes… et. Rotundamente, no. No hay gentes nobles o innobles por motivos de razas, geografías o  diseño cráneal. Gracias a Dios, todos somos iguales.   
Hitler ordenó que se buscaran los orígenes de la raza aria que, al parecer, tenía un nivel de inteligencia con características anatómicas más perfectas que el resto de la humanidad. Decretó, después, que se exterminara a los abyectos judíos. Musolini reclamó la grandeza del imperio romano y metió a sus legiones de “combatimento” en la depauperada Abisinia… El final fue el horror de los campos de exterminio y la Segunda Guerra Mundial.
Es verdad que los seres humanos poseemos características diferenciadoras. Pero nobleza inteligencia y belleza viven en cualquier parte; bajo cualquier sol.
¿Los catalanes serán más felices reducidos en un espacio físico concreto donde puedan desarrollar su identidad al margen de contaminaciones culturales o genéticas  extrañas? No lo creo. A estas alturas de la investigación científica no creo que pueda mantenerse semejante cosa. Los seres humanos, todos, estamos unidos por un hilo invisible que nos identifica como tales. Los seres humanos somos capaces de amar. Ningún otro animal llega hasta ahí. Eso nos identifica como criaturas preferidas de Dios. En el transcurso de la Historia han quedado esparcido por aquí y por allá un número  casi equivalente de héroes y de canallas. Un negro ha llegado a la radicalmente caucásica Casa Blanca. ¡Que bien!
El Señor Jesús que, siendo Dios se hizo hombre, pertenece a todos. Y eso -hay que ver- que era judío. Él sí es único. Y se hizo hombre. Y es patrimonio de todos los hombres.