Las elecciones catalanas han vuelto a poner en evidencia “el círculo” interminable, sin fin, en el que se encuentra sumida nuestra sociedad. El agotamiento de las fórmulas “redentoras” o, dicho de otra manera, el eclipse de los ideales.

La patria catalana

Nadie ha formulado una pregunta clave en todo el montón de encuestas que se han llevado a cabo en los últimos días; ¿por qué desea usted ser independiente? La respuesta, quizá, hubiera dejado sin aliento al encuestador. El silencio no tiene valoración.
La palabra que mejor “vende” en la política actual, es “cambio”. Sin embargo, la inmensa mayoría de la gente no sabe precisar la dirección de “cambio”, a dónde conduce con exactitud. Los catalanes no son distintos a la media general. Hay un cansancio generalizado en la cultura de nuestro mundo que vive un singular contrasentido en sus mismos fundamentos. Por ejemplo, ¿podría alguien explicar, o esclarecer, la siguiente incógnita? ¿Cómo puede la izquierda de Oriol Yunquera, por ejemplo, apoyar un ideal burgués decimonónico y de derechas de siempre como el nacionalismo? Me refiero al concepto  Patria.  El marxismo, la izquierda esencial, nació exactamente al revés; o sea,  la Izquierda, en cualquiera de sus manifestaciones, nació y subsiste,  con el propósito ideal de romper las barreras artificiales  que trocean la Tierra y optar incuestionablemente por “La Internacional”. Los pobres son pobres en cualquier sitio y bajo todas las banderas. Los pobres del mundo son el objetivo de la izquierda; su patria a conquistar y redimir. Por eso dice el himno “Arriba los parias de la tierra; en pie famélica legión” O sea, todos los de la Tierra, no solo los de Barcelona o Lérida. Precisamente, por estos día, la famélica legión, vaga, sin techo ni pan, por la desolada  inmisericordia de Europa. Algo más, ¿cómo puede la radicalidad comunista de las CUP aceptar una opción semejante?. O la meta es ¿“Patria catalana” sobre todo lo demás?   ¿Por qué? ¿Cómo se entiende?
La patria nació como una opción liberal contraria a la nobleza; contra los privilegios nacidos en la misma  cuna. Carlos Marx  alabó esa acción  del liberalismo. Lo hizo en su célebre Manifiesto, pero advirtió contra las patrias nacientes y diseñadas por la burguesía.
La Ilustración, donde germinó nuestra cultura, actual se opuso al Dios Redentor, convencida de la capacidad auto redentora del ser humano. Aquella cultura sigue sin encontrar su epicentro. Sin hallas el núcleo de de su expansión. Dios, el Dios del amor  sigue ahí – aquí- con la mano extendida y el corazón dispuesto. Otra vez hemos vuelto a errar el camino; el Amor es la alternativa. El Amor. Nosotros no podemos darlo. El sí. El es Amor.