Algunos periódicos nos han traído el relato y las imágenes del triste regreso a su aldea siria de la familia Kurdis. Iban a dar sepultura, en “casa”, al pequeño del grupo, el niño Aylan cuyo cuerpo apareció ahogado en las playas de Turquía cuando él y su familia trataban de alcanzar Europa. Habían cruzado toda la ruta de “la esperanza” –como la llaman– y ya, en la recta final, un desafortunado accidente cortó la vida de Aylan. Su foto, sí ha tenido el ¿honor? de pasearse por toda Europa y ponerles el corazón en un puño a más de europeo sensible.
Mientras continúa la avalancha de desarraigados y huérfanos de todo, aquí, en este trozo del mundo, donde termina la “la ruta” y, al parecer sobre vive el paraíso, andamos molestos con nuestras cosas domésticas. No es para menos. Por ejemplo, aquí, en España, acaba de publicarse una carta de Arturo Mas que, muy pesaroso, afirma que los españoles no queremos a los catalanes. ¡Que no les queremos nada nada, oye! Por lo visto, Catalunya está hasta el gorro frigio de que España mire hacia otro lado ante sus reivindicaciones ancestrales. Y, como queda dicho, que le manifieste desamor ¡Hombre!
Volviendo a lo que íbamos; debajo de la foto de la familia Kurdis camino de Kebane, su aldea natal, aparecía la foto de un restaurante madrileño especializado en comidas tan bien elaboradas que no producen colesterol. ¡Ni obesidad!. Es que comer tres veces al día y “picar” aquí y allá, es un desafuero gastronómico. Seguro que la familia Kurdis y sus compañeros no padecen estas cosas.
Ya lo he comentado en otras ocasiones; merece la pena recordarlo, el escritor Lahos Zalay cuenta que cuando se produjeron los terribles síntomas de la primera guerra mundial, algunos oyeron el ruido de las alas de un ángel enfurecido que batía sus alas en el cielo. ¿Seguirá el ángel ahí?
La familia Kurdis ya ha enterrado a su niño. Ahora, claro, volverá al camino del exilio. Estos bravos soldado de no reparan en nada.
Dicen algunos comentaristas sarcásticos que han empezado una cruzada al revés. Puede ser. Lo que sí es cierto es que los cristianos actuales preferimos, con mucho, la Cruz a la cruzada.
