Es evidente que se ha producido un vuelco importante en el sentir mayoritario de la población española. A la hora de escribir este comentario, los últimos datos escrutados balbucean en el decir de los primeros analistas. Es indudable que el PP ha perdido una ocasión histórica de perpetuarse que, quizá, no vuelva a repetirse dado el nuevo diseño que parece dibujar la fisonomía política del país. Cabe culpar, al menos en parte, a la habitual parquedad informativa -¿petulante?- de la derecha. Quiero decir que ha hecho cosas de mérito pero no ha querido perder el tiempo en explicarlas. Tendrá que autoanalizarse, con quietud y sin soberbia, durante los meses que aun restan para los generales. También, y aunque parezca levantar cabeza con respecto a las últimas generales, debe hacerlo el PSOE. Su último éxito en las andaluzas- éxito bastante menguado si se mira con objetividad- no es nada significativo. Un abrazo oportunista con Podemos podría resultarle asfixiante.
De todas maneras, no hay constancia clara aun de la muerte del bipartidismo como anuncian los vaticinadores. Entre otras cosas porque la mecánica electoral de nuestro país no lo deja aparecer; a lo mejor, con buen criterio dada la volubilidad tradicional de nuestra gente.
En fin, hay que recalcar ese éxito en tiempo record de Podemos; sin precedentes en ningún otro país de nuestro entorno.
Podemos ha llegado al mercado político con una pretensión de originalidad que a estas alturas del desgaste ideológico general llama la atención. Ha jugado, sobre todo, con dos bazas que parecen palomas de prestigiador; “no somos como los demás, es decir, como los de la casta” y, luego, después de algún tiempo, giraron levemente a la derecha echando por la borda, con gran oportunismo, al ideólogo radical Monedero. ¿Una maniobra? Lo parece y es indudable que no les ha salido mal. Si Podemos está o no en el inicio de un ascenso ultrarrápido lo dirá el futuro, solo el futuro y la profundidad real del hastío nacional
Nosotros, los españoles, hemos llegado tarde a la democracia formal burguesa. Nuestro siglo crucial –así le llaman al que terminó hace quince años- se desarrolló en medio de dos dictaduras; la de Primo de Rivera y el general Franco. Casi la mitad de la centuria. Podemos ha llegado con el saco de las promesas lleno de maravillas y eso impacta a los todavía neófitos. “Los Flautistas de Hamelin” son frecuentes en la cancha social.
Podemos aspira, nada menos, que a cambiar el “natural” humano, como intentó el marxismo primitivo. Los cristianos sabemos que eso solo lo consigue el Encuentro personal con el Señor Jesús.
Es meritorio el triunfo de Ciudadanos, mucho más si se tiene en cuenta que arrancó en de Cataluña y que no vino con sa ni flauta Hamelin.
