Hacer los deberes

El papa Francisco no cesa de sorprenderme. Cuando uno está curtido en cientos de batallas, resulta muy difícil que nada ni nadie consiga llamar nuestra atención. Después de llevar cuarenta y cinco años como miembro activo del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, el pasado jueves me apresté a seguir el mensaje del Papa a los participantes en la Ultreya Nacional de los 50 años en Italia, donde asistieron miles de europeos de todas las naciones.

En un auditorio Pablo VI, atestado de unos fervientes católicos fruto de los Cursillos, el Papa Francisco manifestó un conocimiento pleno de la situación actual de la Iglesia en general y de los Cursillos en particular. Su discurso cogió mucha más intensidad cuando soltó los papeles y se expresó a tumba abierta. Sus ideas fuerza se basaron en el cristianismo testimonial, el huir de un proselitismo militante y, sobre todo, la vuelta a las raíces, la transmisión de la Buena Noticia en tu campo de influencia. “Los cristianos somos unos privilegiados que hemos sido elegidos por Dios para que demos fruto”. Demostró estar al tanto de la dificultad de abandonar el trabajo por tres días para asistir al Cursillo y dejó abierta la puerta al cambio, sin perder de vista del que y el porqué, pero adaptado el cómo a los tiempos actuales. Que seamos “traductores, no traidores”. Pero “supra tutto”, recoger a los que se encuentran al borde de “la strada” del camino de Jesús.

Su discurso acabó haciendo una pregunta al auditorio: “¿conocen las obras de misericordia?”. La respuesta dubitativa le propició el dirigirse a “i Vescovi” presentes (Obispos), diciéndoles: “ya tenéis deberes que realizar, transmitir el conocimiento de las obras de misericordia, siete espirituales y siete corporales que recoge el catecismo, amén de aquellas que se van incorporando día a día a las necesidades de un mundo que sufre”. Finalizó ampliando el encargo de hacer los deberes a todo el auditorio y les confió el trabajo de portadores de la Nueva Evangelización y la Primera Evangelización cada vez más necesarias.

Me he vuelto a plantear: ¿por qué a mí? La respuesta es la misma. Porque sí. ¿Y tú?, esos quince mil malagueños que hemos recibido el mensaje del Cursillo de Cristiandad en estos cincuenta años largos nos comprometimos en su día a dar una respuesta.