Y al César...

Al llegar el mes de abril de cada año, todos los españolitos en edad de merecer, nos aprestamos a cumplir con nuestras obligaciones como contribuyentes. En estos días, desde diversos estamentos, se nos recomienda marcar con una cruz los dos casilleros que se encuentran al final de nuestra declaración. Esto revierte en la entrega del 0,7% de lo tributado a La Iglesia Católica y otro 0,7 a otras instituciones solidarias. Si además hemos estado aportando cuotas a lo largo del año a Caritas, Bancos de Alimentos u otras instituciones similares, nos podemos descontar de los ingresos el 25% de nuestra colaboración económica a dichas entidades.

      El motivo de esta reflexión no es iluminar nuestros conocimientos fiscales, ni mejorar nuestra declaración. Mi reflexión se detiene en el compromiso de contribuir al mantenimiento de nuestra Iglesia que tenemos los fieles católicos. En la medida que seamos conscientes de esto, podremos desvincularnos del Estado y de aquellas personas que, al no ser creyentes ni tener ninguna relación con nuestra Iglesia, no tienen que participar de su financiación.

     En una palabra: mi teoría, que vengo manteniendo desde siempre, es que los creyentes nos tendremos que involucrar más en los gastos de nuestra comunidad cristiana y el mantenimiento de sus servicios y sus servidores. Aunque seamos más pobres. Pero seremos más evangélicos. Si todos cuantos participamos en actos litúrgicos y celebraciones sacramentales (en España somos un alto porcentaje), aportáramos una pequeña cuota mensual, podríamos mantener nuestros templos y ayudar a los más necesitados.

     Cuando contemplo las actividades de las primeras comunidades cristianas, me imagino lo que podrían ser las nuestras si, como aquellas, practicáramos las cuatro perseverancias de las que se nos habla en los Hechos de los Apóstoles. Esto es una utopía. Lo mismo que el mensaje de Jesús. Pero es factible.

   Si volvemos a la realidad actual, nos conformaremos con que muchos de nosotros seamos conscientes que la Iglesia será lo que seamos y queramos nosotros. Aportemos a Caritas cuanto podamos y pongamos la cruz en la declaración. Con ello haremos de Cirineos de las muchas cruces que hay por nuestro mundo. A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.