Hoy es Viernes Santo la comunidad católica malagueña unida a millones de cristianos celebra la muerte de Cristo. La muerte redentora. Salvadora.
Los católicos no pueden reducir su vida a los problemas de cada campanario. Son portadores de un mensaje precioso: Dios ama a todo hombre y mujer del siglo XXI. Quizá no haya tiniebla más densa que la que se introduce en el alma del cristiano cuando falsos profetas apagan en ellos la luz de la fe, de la esperanza y del amor. El engaño más grande, la mayor fuente de infelicidad es el espejismo de encontrar la vida prescindiendo de Dios.
En las hermandades y cofradías los estatutos, la historia reflejada en los libros de actas, las imágenes, el patrimonio, los tronos, las insignias o los escudos no son más que señas de una identidad: la cristiana. No son más que indicadores de un seguimiento el de Cristo y éste muerto y resucitado por amor desbordado al ser humano.
Hoy es Viernes Santo lo que heredamos es un mundo que tiene necesidad urgente de un renovado sentido de fraternidad y solidaridad humana. Es un mundo que necesita ser tocado y curado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. El mundo actual necesita testigos de ese amor. Necesita de los cristianos. La sociedad necesita la sal y la luz que se encuentra en Evangelio. A los cristianos del tercer milenio les corresponde conservar viva la conciencia de la presencia de Jesucristo. Mantener vivo el recuerdo de las palabras que pronunció. De su Evangelio.
