¡Y ya no vivo yo!

La volatilidad de los ideales resulta evidente en unos tiempos confusos, marcados por la inestabilidad de las ideas: «Estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros...» decía uno de los célebres hermanos Mars.

Los partidos reinventan sus programas de acuerdo con las coyunturas, no con sus ideologías constituyentes. Me vienen a lo recuerdos dos casos paradigmáticos vividos por sendos partidos situados en verdaderas antípodas sociales y, lógicamente, con planteamientos éticos-políticos muy alejados entre sí; PP Y Podemos. El primero, propuso cambiar la vigente ley del aborto para hacerla más cercana a las creencias de sus votantes y seguidores. Todo que en eso, en una declaración de “principios” como la de los hermanos Mars. Los segundos, cuestionaron la celebérrima Semana Santa de Sevilla y sugirieron en la posibilidad de eliminarla. Enseguida, se apresuraron a reconoce la riqueza cultural y económica del acontecimiento.

Por supuesto que no cabe suponer una intensa reflexión objetiva; simple análisis elemental de sus consecuencias. O sea, derecha e izquierda unidas en el afán de desdecirse por las mismas razones coyunturales. No existen objetividades; simples conveniencias. Han desaparecido las convicciones y quedan casuísticas. Todo es un mar de criterios ambivalentes.

Eliminar la Semana Santa… ¿Por qué? ¿Todavía es posible mantener que la religión es el “opio de los pueblos” y, en cualquier caso, el sentimiento que adormece a las gentes para impedirles la revolución? Algunos parecen anclados en el siglo XIX. No les ha enseñado nada la Historia. No comprenden que la sociedad es repetitiva y se mantiene inalterable a lo largo de las épocas.

Los marxistas quisieron acabar con los círculos históricos. Cuando la revolución se acaba aparecen los modelos de siempre con nombres diferentes. 

Mars y Engels persiguieron un “hombre nuevo”, el Homo Faber; amo y criado en una sola pieza. No lo consiguieron. La propuesta de San Pablo es más certera: «Yo he sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo, vive Cristo en mí» Jesucristo es la personificación del Amor de Dios. ¡Quitar la Semana Santa! ¡Qué más da, hombre, qué más da! ¡Se volvería a repetir de nuevo!