El atentado religioso
El Mundo

El atentado del pasado miércoles contra la revista “Charlie Hebdo” es la evidencia más clara de que existen dos mundos coetáneos y, a la vez, separados entre sí, por decenas de siglos; dos culturas que se miran desde dos fechas de la Historia. ¡Mucho ha tenido que ver en eso la raíz cristiana de nuestra cultura aunque muchos quieran negarlo! Habrá que comentarlo alguna vez.

Pero a lo que íbamos. Ahora, el conflicto ha tenido el morbo de su motivación religiosa. Los terroristas mataban en nombre de Alá y, literalmente, para “vengar al profeta”.

Enseguida, se puso en marcha la lógica lluvia informativa acompañada por el aparato opinativo inevitable: “Todas las religiones son iguales” o “Tan digna es una como otra” “Todas las religiones merecen el mismo respeto” “Las Religiones pertenecen a otra época, deberían desaparecer”. Son opiniones oídas en los Medios y en la calle. 

Por supuesto que todas las religiones tienen plena actualidad. Están ahí y estarán siempre; son, en definitiva, reflexiones sobre el gran misterio que enraíza en el corazón del ser humano. El hombre es, en todo caso, y si se me permite expresarlo de esta manera, una expectativa de futuro. De un futuro que va más allá de lo físico. La Biblia dice que Dios ha puesto eternidad en el interior del hombre. Por lo tanto, las religiones no son otra cosa que la intuición de un tiempo por venir. Y esa intuición pide respuestas a preguntas que la razón no sabe contestar. La progresiva materialización de la vida pone sordina al corazón y la soberbia de una época marcada por la “autosuficiencia” atenúa las demandas del alma. Pero solo eso. Nada más que eso. La interrogante sigue inexorable en lo que podríamos llamar el “yo” más profundo del individuo humano; de esa expectativa sin resolver. San Agustín dice: “nos hiciste, Señor, para Ti y nutro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti”.

Sin embargo, urge entender que, al estricto pie de la letra, el Cristianismo no es una Religión sino un encuentro personal con Dios en la persona de su Hijo Jesucristo. Cuando Nicodemo, aquel judío muy religioso que va a ver a Jesús interesado por su doctrina, Jesús responde a sus preguntas religiosas diciendo “Mira, te es necesario nacer de nuevo”. Pero el mayor énfasis a este respecto lo pone el Apóstol Pablo; aquel religioso fanático perseguidor de cristianos, dice “Yo he sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo sino Cristo en mí”. Ambas referencias se encuentran en el Evangelio de S. Juan 3, y en la carta a los Gálatas 2, 20