La Palabra de Dios es un tesoro que podemos disfrutar a diario. Es bálsamo, acicate y luz. Sabiduría, comprensión y misericordia.
La Sagrada Escritura contemplada a nivel personal y comunitario supone una riqueza insuperable. Conviene acercarse a ella a diario. En la oración personal. También en la comunitaria. Y hacerlo despojado de ideologías que impidan descubrir nuevos horizontes. Abrir la Escritura es abrirse a un mundo nuevo y diferente dentro de lo cotidiano. Es descubrir el misterio de la Encarnación. La Navidad es un tiempo propicio para adentrarse en la sorprendente iniciativa de Dios: hacerse carne.
