El mes de octubre es el mes del Rosario, una oración contemplativa que sitúa a Cristo en el centro de la meditación. Por tanto, es inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura y de la devoción a Santa María, Madre de Dios.

El mes del Rosario

El Santo Rosario no es una práctica piadosa del pasado ni exclusiva de un determinado perfil de personas, es una oración actual y abierta a todos los bautizados. Contemplar los misterios de la fe de la mano de la Santísima Virgen y revivir los momentos más importantes y significativos de la historia de la salvación fortalece la fe y es una oportunidad bellísima a la que todos los cristianos deben acceder, a ser posible a diario, o al menos los sábados.

Cada cristiano tiene legítimamente sus formas de rezar, pero en el mundo actual, tan disperso y rápido, el rezo del Rosario ayuda a poner a Cristo en el centro de nuestra vida como hacía la Virgen. Ella meditaba en su corazón todo lo que se decía de su Hijo y también lo que él hacía y explicaba. Es bueno rezar el Rosario en familia. En comunidad. Y hacerlo por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia, por nuestra Diócesis y por la paz.