¿Eres persona o personaje?

“Donde hay agua siempre hay vida,
donde hay sueños hay camino;
donde hay paz, hay alegría;
si hay amor, también suspiros...
Cuando hay fe, hay esperanza…
Si hay sueños hay camino,
donde hay sol siempre habrá luz;
donde estés estoy contigo,
muy lejos que estés tú”.
“Si hay sueños, hay caminos” Abigail

Todos buscamos ser feliz. Todos tenemos sueños por conquistar. Algunos, vamos haciendo realidad esos sueños. Pero siempre quedan más, porque el ser humano es un ser sediento. ¡Siempre tiene sed!

Cuando hablo de sueños por conquistar, de esperanza que nos mueven en la vida no estoy hablando sólo de deseos materiales: la bicicleta cuando era pequeño, o una moto cuando eres adolescente, una casa o un coche cuando eres mayor. Cuando hablo de sueños hablo de vida realizada, de vida conquistada bajo la libertad. Es conocer, querer y vivir el camino que ya vive nuestro corazón, pero que nuestra conciencia tiene que descubrir.

Una de las cosas que más me llaman la atención, por poner un ejemplo que ilustre, es cuando le preguntas a un adolescente ¿Qué quieres ser? ¿qué quieres estudiar? ¿qué esperas de la vida? Y muchos de ellos se encogen de hombros. Me apena mucho que en el momento más esperanzador de la vida, los sueños hayan desaparecido; están comenzando a caminar, intentando conquistar la libertad, pero… ¡no tienen camino! ¿no tienen sueños? Y cuando, alguno de ellos los tienen, no pueden entrar en el módulo de formación profesional o en los estudios universitarios. Todo esto nos debería hacer reflexionar sobre la educación.

Por un lado, creo que el sistema educativo no ayuda a nuestros adolescentes a reflexionar. Nuestra educación, tal y como está planteada, no es posibilitadora de sueños, de camino. Da muchos datos, mucha ciencia, pero poca reflexión interior. No es una educación integral que abarque de toda la persona.

«El problema de hoy es que se niega y se rechaza esa reducción de la intimidad del hombre contemporáneo convirtiendo el espacio que antes se llamaba alma en hechos psíquicos de conciencia…reduciendo esos sentires profundos como el amor y la esperanza que nos permiten una forma de intimidad con lo real»

María Zambrano, “Hacia un saber sobre el alma”
 

Y por otro lado, las condiciones educativas están estructurada sobre una educación competitiva, como toda nuestra sociedad neoliberal, lo cual, tampoco es posibilitadora de sueños; excepto para aquellos cuyos padres tienen buena (buenísima) economía y puede pagar unos estudios privados, son la élite (y en el siglo XXI aún existe).

Pero sigo con el tema, los sueños nos revelan la llamada interior del ser humano. Es la vocación que todo ser humano llevamos inscrita en nuestro interior. Seguro que al leer estas letras muchos pensarán que estoy hablando de la vocación a ser sacerdote, o a la vida religiosa. ¡Pues no! Desde el primer momento estoy hablando de la vocación existencial de todo ser humano. La vocación es “esa voz que nos llama desde secretos y profundos pliegues yacente en nuestro recóndito ser”  (María Zambrano, “Sueño creador”). La vocación es más que un sueño material, efímero y pasajero. Parafraseando a Ortega y Gasset, la vocación es un proyecto de vida guiado por la finalidad y el destino. Es tener unas metas en la vida, un camino a recorrer. Esta meta, estos sueños están inscritos en el corazón del hombre, y la padecemos.

Hay algo que me ha llamado la atención al leer estos textos de María Zambrano y su maestro Ortega y Gasset sobre la vocación: la vocación tiene un componente básico de pasividad. Algo que uno padece, le sobreviene, no lo escoge. Recuerdo que de pequeño siempre quise ser médico, y aún hoy me encanta la medicina. Pero una llamada interior, más fuerte que mis deseos, me “violentó” (Jr 20, 7) y me llevó por otros caminos. Aún así, somos libres de aceptar o rechazar esa “llamada íntima que procede del resorte vital” (Ortega y Gasset).

La vocación se va configurando en la vida, por encima de las circunstancias, pero cuenta con las circunstancias. La vida es más de lo que ocurre, es más que las “circunstancias” de Ortega. 

«La vida transciende lo que pasa, dota de totalidad a las cosas que en ella acontecen… el sentir se une al pensar, momentos en que las circunstancias se convierten en destellos».
“El sueño creador”, María Zambrano

En todo lo que nos ocurre y a través de lo que nos ocurre, podemos descubrir y escuchar esa llamada existencial. Una llamada que es siempre la misma, pero que se adapta a tus circunstancias. Porque no dejas de ser eso para lo que has sido llamado. Cambia la forma de entregarte y “sacrificarte” para – en palabras de María Zambrano- hacer de nuestra historia “la historia sacrificial”. No cambia la vocación. Cuando estaba en el hospital, aún no tenía conciencia plena de todo lo que iba a cambiar mi vida. Pero en mi estancia en el hospital me ocurrieron varias anécdotas que me ayudaron a entender esto que os digo. Una noche, llega un enfermero a la habitación preguntando si podía atender espiritualmente a un enfermo que se estaba muriendo. La familia había pedido que fuera el capellán. Era muy tarde y el enfermo estaba moribundo. Así que le dije que podía ir si a la familia no le importaba que fuera a atenderle un sacerdote con los sueros, y en pijama. Estuve dándole la unción de enfermo y rezando con la familia. Allí me veía yo con los sueros enganchado y teniendo como monaguillo a un enfermero (que por cierto, no sé si era cristiano). Se corrió la voz por la planta y pasé a ser el cura de la “Quinta”. En varias ocasiones volvieron a pedirme si podía atender a un enfermo. Yo me veía incapaz, creía que así no podía “hacer de cura”. Pero hay una llamada interior que es más que las circunstancias. La vida transciende lo que pasa. No dejo de ser sacerdote, cambia la forma de realizar esa llamada, pero no la llamada. ¿Acaso una madre deja de ser madre porque desarrolla una enfermedad crónica?

Para descubrir nuestra vocación debemos aprender a escuchar nuestro corazón. Aprender a escuchar la vida que hay dentro de nosotros. Entrar en la intimidad de nuestro corazón para encontrarnos con los sentires profundos: el amor y la esperanza. Y así poder realizar la llamada interior, el proyecto de vida que llevamos inscritos en nuestro corazón. Pero con tanto ruido, ¡qué difícil es escuchar! ¡Cuántos jóvenes perdidos! ¡Cuántas personas perdidas! Personas que dejan de ser personas para convertirse en personajes.

«Cuando el hombre desoye la vocación, la llamada interior, su sueño nace extraviado. Cuando una persona no sigue su vocación, su llamada, se mete en el personaje; desoye el precepto existencial que acompaña a la esperanza. Se desvincula de la esperanza como raíz de vida. Nacen los sueños erróneos y aparece la debilidad del “YO”, este quiere verse magnificado o aparente. Necesita ser magnificado y aparente para contrarrestarlo; entonces busca ser personaje y no persona».
María Zambrano, “El sueño creador”

«El personaje construye la pantomima histórica o el carnaval de la historia. En el personaje no existe la posibilidad de creación, ni de hechos, ni de palabras. Y esta historia en la que el hombre se sumerge termina quijotescamente fantaseándose y des-realizándose.»
María Zambrano, “Los sueños y el tiempo”

La persona que no escucha esa “voz interior” a realizarse como persona termina siendo personaje. Dejamos de vivir y actuamos; nos convertimos en personajes que dejan de vivir su historia para representar el papel que la sociedad le adjudica. Y hacemos de la existencia universal una pantomima histórica. Quizás podamos reconocer a los personajes que circulan por nuestra pantomima historia: países que avasallan a otros a los ojos del mundo impasible, políticos que nos ofrecen lo que no dan y nos quitan lo que es nuestro, sindicatos que roban al trabajador, jueces imputados, … es el carnaval de la historia. También podemos descubrirlo en las personas que nos rodean: profesores que no les preocupan la enseñanza, curas “funcionarios” apegado a su horario o al dinero, padres que dejan de ser padres y abandonas a hijos. Es el “desoír del hombre de su llamada interior” para vivir una vida que no es la suya. Una vida  que elige por motivos materiales o sensuales. “La nota más aflictiva de la condición humana es estar oculta a sí misma y tropezar con sus pasiones como con los fenómenos naturales…”  (María Zambrano).

En el personaje, no hay sueños, ni caminos, ni esperanzas. Nuestra vida deja de tener argumento (en sentido orteguiano y zambraniano), pasamos a vivir en un vacío existencial, como nos señala Gilíes Lipovetsky:

«Nos encontramos en un desierto de valores y de sentido (…) porque nuestra bulimia de sensaciones, de sexo, de placer, no esconde nada, no compensa nada, aún menos el abismo de sentido abierto por la muerte de Dios».
(G. Lipovetsky). “La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo”.

Como dije al principio, el ser humano es un ser sediento de sentido, de esperanza y de amor. Pero intenta apagar la sed con cosas efímeras, momentáneas. Deja de lado su llamada interior. Con la vocación está en juego la felicidad del ser humano, está juego nuestra realización como persona, está juego mucho, está en juego todo.