El papa Francisco cae bien a la gente. Y eso se nota. A Benedicto XVI le hará justicia la historia y quienes han tenido la ocasión de leerlo y conocerlo. Quienes solo se acercan al papado desde la ventana tienen deudas pendientes con el Papa alemán que renunció al primado de Pedro.

Francisco, el Papa de las raíces

Sin embargo, Francisco de entrada ha caído bien.  Tiene otro talante.  Un talante popular.  Y llega más a la gente.  Es bueno para la Iglesia Católica.  Y para quien busca en la comunidad católica aliento para vivir.  Transmite mejor a determinadas gentes.  Se nota que viene de la calle. Y tiene la cabeza bien amueblada.  Y que busca la luz del Espíritu en todo lo que hace y dice.

Quienes tuvieron la ocasión de ver la primera entrevista que Francisco ha ofrecido a un medio de comunicación generalista español ha podido disfrutar del talante del Papa argentino.  Un talante cercano y lúcido.  Alegre. Una personalidad que se manifiesta con libertad y ciertas dosis de diplomacia.  Ofrece a quien lo escucha verdad y reflexión.  Una verdad y reflexión necesaria en nuestros días y que busca ir a las raíces.  Quizá ahí resida el espíritu de la revolución del Papa Francisco que muchos le atribuyen. 

Sin embargo, para decepción de algunos lo que Bergoglio está haciendo como él mismo confiesa, es poner en marcha lo que los cardenales pidieron al nuevo papa en las sesiones previas a la elección del sucesor de Benedicto XVI. Querían un consejo exterior al Vaticano.  Y él lo ha puesto en marcha. Lo que algunos llaman en G8. Querían una Iglesia misionera.  Y él está impulsando que la comunidad católica salga a las periferias. 

Ciertamente la figura de este Papa, que a algunos tras la entrevista algo ha decepcionado, porque no se mueve a golpe de titular sino de reflexión a la luz del Espíritu está ayudando mucho a situar a la Iglesia Católica en el mundo con otra cara.  Y eso es de agradecer.  Tanto como el esfuerzo que algunos hacen por entender que la visión de este Papa es compartida por muchos católicos.