El sagrario es vida

¿Qué guardas ahí? Con esta pregunta un pequeño cuestionaba al sacerdote sobre el sagrario.  En algunos templos la presencia real de Cristo para desapercibida para los fieles.  Sin embargo, es parte fundamental de nuestras iglesias. Llegar a un templo sin sagrario es desolador.  Y que un niño se cuestione sobre el sagrario es esperanzador. O que lo veas dirigirse a él como habla un amigo a otro amigo: de pie frente a él;  sentado frente a él; de rodillas frente a él.

Que alguien llegue a la puerta de la parroquia y antes de seguir saludando a quienes se reúnen allí salude a Cristo presente en el sagrario es buena señal.  Que haya quien se arrodilla ante el sagrario es indicativo de que sabe quién está allí.  Que se mime el sagrario con una decoración apropiada indica que lo que se quiere y adora se cuida.

La mayoría de los templos católicos guardan en su interior a Cristo vivo.  Es un privilegio necesario. Es fuente de vida. Sorprende con qué sencillez y rotundidad expresó una señora al obispo malagueño Manuel González la necesidad del cultivo de la oración ante el sagrario “Esa lucecita apagá nos tiene la vida apagá”.  Cuestión de fe y  sensibilidad espiritual.  De necesidad vital.