A tenor de las virulentas reacciones que se dan en el seno de la Iglesia Católica, incluso contra el Papa o sus más estrechos colaboradores, parece que eso de ser sembradores de paz no va con algunos. Es inviable ser buen cristiano si se es una mala persona.

Con el papa Francisco
Rafael J. Pérez Pallarés

Desgraciadamente, a tenor de lo que se lee o difunde, parece que hay quien no lo entiende así: hay quien pretende combinar la ira con la llamada a la santidad. Nada nuevo, por otra parte; la violencia, cuando no se alcanza lo deseado o se pierde, suele utilizarse como arma arrojadiza. Quienes expresan violencia o rechazo frontal contra el sucesor de Pedro, contra sus decisiones o enfoques pastorales, dudo que sean buenos católicos. Comulgarán, incluso tranquilos, en su digestión autorreferencial, pero olvidaron que atacar al Papa, romper la unidad de la Iglesia o generar particulares divisiones no lo desea Cristo.