Este miércoles, 13 de mayo, la Delegación de Migraciones convoca a un nuevo Círculo del Silencio en el que se conmemoran los 10 años de vida de esta iniciativa en la diócesis de Málaga. En esta ocasión tendrá lugar en la Plaza de la Aduana, a las 20.00 horas. «Un acto en el que van a intervenir varios miembros de asociaciones civiles y eclesiales que trabajan con y por las personas migrantes», explica Antonio Sánchez, miembro de la Delegación Diocesana de Migraciones.
En esta ocasión, el silencio se romperá con testimonios y reivindicaciones «por el silencio que se vive en nuestra sociedad ante la injusticia».
Cada mes, Migraciones propone 30 minutos en recuerdo y en oración por la situación que viven tantas personas migrantes. En este décimo aniversario, el silencio se transformará en testimonio, desde el de Ramón Muñoz, quien era delegado de Migraciones cuando se puso en marcha esta iniciativa, hasta miembros de Málaga Acoge o de la Plataforma de Solidaridad con los Inmigrantes.
El Círculo del Silencio surgió en Málaga como fruto de un Encuentro Frontera Sur en el que participaron miembros de las diócesis del sur de España y el norte de África. «En este Encuentro nos contaron que esta iniciativa del Círculo del Silencio se venía haciendo en algunos lugares y la diócesis de Málaga y Melilla nos sumamos para hacerla de forma conjunta y que, el mismo día a la misma hora, todas las diócesis nos uniéramos en oración silenciosa, en solidaridad con las personas migrantes que mueren en nuestras costas», explica Antonio.
Un acto que comenzó como signo de unión con las demás diócesis y que ha permanecido fiel a lo largo de 10 años, superando una pandemia y otras dificultades, «además, con una gran asistencia cada mes, alrededor de un centenar de personas de diversas realidades nos unimos con una misma voz». En algunos de estos encuentros también se ha contado con el testimonio de una persona migrante, «voces y rostros reales».
Una experiencia también ecuménica «pues nos une a diversos fieles de la Iglesia católica y la evangélica, entre otras confesiones. Es un acto tan abierto que en la pancarta que llevamos no aparece el logo de ninguna institución porque es bienvenida toda persona de buena voluntad que quiera mostrar su solidaridad».
Comenzó en Málaga capital pero son varias las localidades que se han unido a la iniciativa. Este mes de mayo, estas son las celebraciones previstas para el miércoles 13: en Alhaurín de la Torre, a las 20.30 horas, en la Plaza de la Iglesia; en Yunquera, a las 19.30 horas, en la Plaza de la Constitución; en El Burgo, a las 19.00 horas, en la Plaza de Abajo; en Cuevas Bajas, a las 20.45 horas, en la Puerta de la Iglesia; en Fuengirola, a las 20.00 horas, en la Plaza de la Constitución; y en Málaga, a las 20.00 horas, en la Plaza de la Aduana.
Testimonio
Uno de los testimonios que se han podido escuchar en estos diez años es el de una mujer superviviente de la trata que explicaba su experiencia con la voz entrecortada:
«Mi infancia no fue idílica. Sufrí abusos por parte de familiares y lo peor fue que mi madre lo sabía y no hizo nada. Eso me llevó a normalizar golpes, insultos, vejaciones, amenazas… y, con más de 20 años estaba anulada. Entonces conocí a esas personas (por llamarlos de alguna manera) que me ofrecieron ayuda, una vía de escape, independencia económica, poder viajar, conocer gente nueva… y caí en la trampa. Cuando me di cuenta de dónde me había metido, ya llevaba meses drogada manteniendo relaciones con más de 20 hombres a la semana. Golpes y heridas en el cuerpo y el alma completamente rota. De repente, un día me llevaron a otro lugar, sin más explicaciones y sin poder pedir ayuda. Cuando quería irme me decían que podía irme sin problema, pero que no me pagarían el dinero que me tenían retenido, así que seguía adelante. Me miraba al espejo antes de salir a la casa, me sacaba las lágrimas, me retocaba el maquillaje, tomaba ciertas drogas y salía de nuevo. Había normalizado tantas cosas que me fue difícil reconocer que ese no era mi sitio ni esa era yo. Gracias a Dios, llegó la ayuda que necesitaba y pude salir de ahí. Gracias a mis angelitos pude sanar física y emocionalmente. Gracias a todas esas personas que se involucraron tanto en mi caso aprendí que mi cuerpo y mi vida son míos. Gracias a todos estoy viva. No ha sido fácil hablar de mi historia porque se me remueve todo por dentro pero, si sirve para dar voz a otras mujeres lo volvería a hacer. Gracias a santa María Micaela por tu legado y por las maravillosas hermanas adoratrices que devolvieron la luz a mi vida. Tras todo un proceso de sanación me pude incorporar al mundo laboral. Lo más difícil fue hacerme a horarios y sueldos bajos. Estuve un año limpiando oficinas, trabajando muchas horas por sueldo muy bajo para poder pagar una habitación y comida. Gracias a Dios, encontré una empresa de la que formo parte y en la que me siento parte de un gran equipo. No ha sido fácil, pero lo conseguí. Gracias siempre».
