El centro gerontológico El Buen Samaritano, impulsado por Cáritas Diocesana de Málaga, se ha consolidado desde su apertura en 1994 como un referente en el cuidado de personas mayores desde un modelo centrado en la dignidad, la autonomía y el acompañamiento integral.

El Buen Samaritano, cuidado integral desde la dignidad y el estilo de Jesús

Según los datos de la última memoria, el pasado año 176 personas mayores vivieron en la residencia o fueron al centro de día, mientras que otras 124 acudieron a recibir información u orientación hacia otros servicios.

Lejos de los modelos más tradicionales, su organización se basa en el Modelo de Atención Centrada en la Persona, una filosofía que busca respetar la historia, los valores y el proyecto de vida de cada residente. «Nuestro deseo es que cada persona pueda seguir sintiendo que su vida merece la pena, que tiene sentido incluso en la fragilidad. Cuidamos mirando a cada persona como única, como alguien profundamente valioso a los ojos de Dios», explica su director, Patricio J. Fuentes.

Pequeñas unidades de convivencia

Este enfoque implica una transformación profunda en la manera de entender los cuidados. El centro se organiza en pequeñas unidades de convivencia que agrupan a personas con características similares para favorecer una atención más cercana y personalizada según su situación cognitiva o física.

Dentro de cada unidad, el papel de la “persona referencia” resulta fundamental. Profesionales y voluntarios acompañan de forma estrecha a un pequeño grupo de residentes, lo que permite conocer sus gustos, su historia de vida y sus necesidades más cotidianas. «Solo desde la cercanía podemos conocer de verdad a cada persona y a su familia y tener un vínculo personal. Ese cuidado sencillo y atento es el que nos ayuda a acompañar al estilo de Jesús de Nazaret: con ternura, respeto y poniendo siempre a la persona en el centro, respetando aquello que ha sido importante para ellos», subraya Fuentes.

«Queremos que se sientan en casa, que puedan seguir siendo quienes han sido toda su vida»

El entorno también forma parte esencial del modelo. El Buen Samaritano apuesta por espacios de carácter hogareño, con salas de estar, cocinas domésticas y zonas comunes que recrean un ambiente “de casa”.

De este modo, las personas mayores pueden seguir realizando actividades cotidianas que han marcado su vida. «Queremos que se sientan en casa, que puedan seguir siendo quienes han sido toda su vida. Aquí cuidamos historias, afectos y recuerdos», señala el director.

Junto a los cuidados físicos y emocionales, el centro atiende también la dimensión espiritual de la persona. «Acompañar es también estar en lo más profundo de la vida, en la fe, en las preguntas, en la esperanza, como hacía Jesús: acercándose, escuchando y sosteniendo», añade Fuentes.

El Buen Samaritano fue pionero en la provincia al convertirse en un centro libre de sujeciones, un modelo que elimina cualquier restricción física, incluso en personas con deterioro cognitivo, apostando por alternativas basadas en el acompañamiento cercano, humano y respetuoso.