Artículo del sacerdote Lorenzo Orellana.
El sacerdote diocesano Lorenzo Orellana Hurtado ofrece una fórmula para bendecir la Cena de Navidad en familia.
Carta a la Virgen, en el mes de mayo, del sacerdote Lorenzo Orellana Hurtado.
Al despedirme como párroco de San Gabriel, Málaga, vuelvo la vista atrás, y se me viene a la boca la expresión de María: Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Poema del párroco de San Gabriel, Lorenzo Orellana, con motivo de la Solemnidad del Santísimo Corpus Christi.
FIRMAS. Lorenzo Orellana, profesor del Seminario y párroco de San Gabriel, con motivo de la fiesta de san Juan de Ávila, patrón del clero español.
Cuando entré en el Seminario, a mediados del siglo pasado, una de las cosas que más me llamó la atención fue la capacidad de humor y risa que teníamos. Y es que el humor libera, ayuda a madurar y a descubrir los matices cómicos de la vida. Por eso, estoy convencido del humor y la sonrisa de Dios. El humor de Jesús lo doy por supuesto, pues un Dios que se hace hombre y respeta la libertad humana es de una altura tal que descoloca todos nuestros cálculos.
El párroco de San Gabriel de Málaga capital y escritor, Lorenzo Orellana, nos ofrece sus oraciones ante los principales misterios del Belén.
Mientras releía el libro entrevista sobre Benedicto XVI, "Luz del mundo", he recordado una frase que escribió Gilbert K. Chesterton: “Convertirse en católico ensancha la mente”. Y es que la fe del verdadero católico le lleva a encontrar el equilibrio entre los opuestos: entre vida y muerte, gracia y pecado, verdad y mentira, pureza y vileza. Y también entre fe y razón, justicia y amor, entrega y alegría, y muchos más.
A lo largo de estas 18 entregas, he intentado que nos asomemos al Padrenuestro e intentemos comulgar con la oración que nos enseñó Jesús.
Si en la quinta petición del Padrenuestro mirábamos al pasado: "perdona nuestras deudas", y en la sexta al presente: "no nos dejes caer en la tentación", en esta última miramos al futuro: "líbranos del mal".
El Padrenuestro ha ido creciendo en intensidad y, ahora, prorrumpe en un grito: "No nos dejes caer en la tentación".
Jesús nos ha dicho que supliquemos: Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
En la cuarta petición decimos: "Danos hoy nuestro pan de cada día". Nuestro pan, y por eso decimos danos y no dame. Nuestro, porque los hijos del mismo padre, somos hermanos. Nuestro, porque cuando oramos con la oración que nos enseñó Jesús, estamos suplicando no sólo por nuestro campo, por nuestro trabajo y por nuestro pan, sino por el campo y el trabajo y el pan de todos.
Lutero no predicó una revolución política ni social, sino religiosa. Pero a los príncipes, verdaderos señores y dueños de Alemania, les interesó (y mucho) la “nueva religión”. Pues al defender Lutero la pobreza de la Iglesia, evocando una vuelta a la iglesia primitiva, los nobles se aprovecharon de sus cuantiosos territorios y, con el pretexto de una iglesia reformada, justificaron la apropiación de los bienes y propiedades de la misma.
Estamos en la segunda tabla del padrenuestro. Sus frases son más largas y traducen la aflicción de la vida humana. Las dos tablas forman una cruz, y tanto la vertical de Dios como la horizontal del hombre quiere Jesús que las hagamos objeto de oración, porque la causa del hombre también es la causa de Dios.
El Padrenuestro nace de una petición que hicieron los discípulos a Jesús: "Señor, enséñanos a orar". Petición que brotó, sin duda, del deseo que tenían de Dios y del ejemplo de oración que vieron en su Maestro. Y Jesús, antes de darles el Padrenuestro, los preparó:
"Así en la tierra como en el cielo" es la conclusión de la tercera súplica del padrenuestro, conclusión que debemos aplicar también a las dos precedentes, pues estamos diciendo que, 'así en a tierra como en el cielo sea santificado tu nombre, venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad', ya que sólo en el cielo se vive sin fisura la santidad, el reinado y la voluntad del Padre.
Tras el pórtico de entrada accedamos a las peticiones del padrenuestro. A primera vista observamos que las peticiones forman dos cuerpos -como las tablas de la Ley-, en el primer cuerpo se repite el adjetivo posesivo “tu” y en el segundo “nosotros”. "Santificado sea tu nombre" es la primera petición.
Tras las dos primeras palabras del padrenuestro acerquémonos a lo que resta de la invocación inicial: "que estás en el cielo".
Pasemos ya de la dimensión vertical a la horizontal y acerquémonos al adjetivo nuestro, "Padre nuestro". De sabernos hijos, pasemos a reconocernos hermanos.
Tras la breve introducción que escribí sobre el Padrenuestro se me ha pedido que lo comente un poco más. Gracias. Me pongo a ello. Acerquémonos, entonces, a su primera palabra: "Padre", que el Nuevo Testamento aplica a Dios 170 veces, y que Jesús, en esta oración, le llama Padre.