Por supuesto que me refiero al viaje a Madrid, para participar en la JMJ. Pero el desplazamiento desde Málaga a Madrid es también un símbolo de su viaje interior hacia esa “tierra nueva” donde los espera Jesucristo.
El testimonio de otros jóvenes, la oración compartida, las catequesis y las palabras del Papa Benedicto XVI son cauces por los que les puede llegar la llamada Dios, en la que descubran lo que espera de cada uno de ellos.
Para que esta ocasión única no se quede en un fuego de artificio o en un intento fallido, es necesario que cada joven se pregunte por qué acude y qué busca. Es lo que se ha pretendido en las parroquias, y en los diversos grupos, invitándoles a profundizar en el sentido de esta peregrinación. El resultado final es fruto de la gracia, pero también depende de la preparación y de las disposiciones de cada uno, de la hondura de su búsqueda y de su atención a la llamada divina.
