REUNIÓN DE LOS OBISPOS DE LAS DIÓCESIS DE ANDALUCÍA
(Seminario-Granada, 26 octubre 2022)
Lecturas: Ef 6, 1-9; Sal 144, 10-14; Lc 13, 22-30.
1.- San Pablo nos da unas recomendaciones en su carta a los cristianos de Éfeso, que valen para todo tipo de personas.
A los hijos les recomienda honrar a sus padres (cf. Ef 6, 2), porque esto además conlleva un beneficio: «Te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra» (Ef 6, 3).
A los padres recomienda no exasperar a sus hijos: «Criadlos educándolos y corrigiéndolos según el Señor» (Ef 6, 4).
A los esclavos, que obedezcan a sus amos: «Obedeced a vuestros amos de la tierra con respeto y temor, con la sencillez de vuestro corazón, como a Cristo» (Ef 6, 5). Esta actitud es una manera de ir renovando las relaciones humanas y eliminando la esclavitud.
A los amos, en la misma línea les dice: «También vosotros del mismo modo, dejándoos de amenazas» (Ef 6, 9).
El Señor pide amar como él ama; no se trata da amar para aparentar, sino al estilo del Señor (cf. Ef 6, 6-7); como Cristo ama a su Iglesia.
2.- A los pastores, sacerdotes y obispos, algunos textos magisteriales nos piden que seamos hermanos de todos los fieles; incluso que seamos padres. Aparecen varias imágenes poéticas y hermosas; pero no se puede ser al mismo tiempo padre, hermano, amigo, tutor, acompañante y otras cosas. Todo eso al final es muy complicado.
A los sacerdotes les digo que al obispo le puede resultar muy difícil ser al mismo tiempo padre y amigo. Ser verdaderamente amigo de trescientos curas, no es posible; la amistad es otra cosa.
El Señor Jesús tampoco era amigo íntimo ni siquiera de los «doce». A veces podemos angustiarnos, porque no llegamos a todos como desearíamos y no tratamos a los demás como el Señor nos pide. La actitud que nos pide el Señor es amar como Cristo ama a su Iglesia. Este es de verdad muy exigente; porque implica dar la vida por los demás.
Antiguamente se decía que la esposa de los obispos era su diócesis; esa imagen es muy bonita, pero no se puede hacer de ella una realidad teológica. De lo contrario, los obispos estaríamos divorciados después de la segunda o tercera diócesis. La diócesis no es nuestra esposa; la Iglesia es la esposa de Cristo. Y a quien hemos de amar es a la esposa de Cristo.
Esto vale también vale para los matrimonios, para los esposos, para los laicos, incluidos los solteros. Hay que amar a la Iglesia como la esposa de Cristo y como Cristo la ama. Ese es el estilo que se nos pide.
3.- En el texto del evangelio uno preguntó a Jesús: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (Lc 13, 23). El Señor no responde a esta pregunta. Él normalmente no contesta, sino que da un giro, como hizo con la samaritana y con los publicanos. El Señor no responde a la pregunta directa del interlocutor, sino que hace un giro para explicar lo que Él quiere enseñar.
Esta actitud del Señor es un ejemplo para nosotros. A veces tenemos la tentación de responder de manera inmediata a quienes nos critican; y podemos responder para justificar lo que estamos haciendo. Coincidimos en que muchas veces es mejor no entrar a las cuestiones, preguntas y provocaciones que nos hace la sociedad. Hay que hacer como Jesús, que da un giro, y decir lo que tenemos que decir, de cara a la salvación.
Jesús nos recuerda: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán» (Lc 13, 24).
4.- El Señor nos advierte de que no vale justificarnos porque estemos cerca de él: «Entonces comenzaréis a decir: Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas» (Lc 13, 26). De esto podríamos poner muchos ejemplos: hemos hecho esto, hemos hecho lo otro, hemos hecho mil cosas. Eso al Señor no le importa.
Él podría decirnos: «No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad» (Lc 13, 27). La llamada de Cristo es tajante; es muy exigente y dura: «Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos» (Lc 13, 30). Esforcémonos, pues, en entrar por la puerta estrecha; esa es la respuesta del Señor.
Resumiendo, amemos a los demás, a la Iglesia de Cristo, Esposa de Cristo, como miembros e hijos de ella.
Queridos hermanos, pedimos a la Santísima Virgen que nos siga ayudando y acompañando a cada uno en nuestra tarea, en nuestra misión eclesial bautismal o en la misión sacerdotal del ministerio. Que así sea.
