ENVÍO A LA PEREGRINACIÓN EUROPEA DE JÓVENES EN SANTIAGO DE COMPOSTELA
(Catedral-Málaga, 25 julio 2022)
Lecturas: Hch 4, 33; 5, 12.27-33; 12, 2; Sal 66; 2 Co 4, 7-15; Mt 20, 20-28. (Solemnidad de Santiago Apóstol)
1.- Encuentro Europeo de Jóvenes en Santiago de Compostela
Esta celebración y encuentro entre jóvenes es un encuentro de Iglesia; y, por tanto, está presente el Señor. Este encuentro está dentro de dos Jornadas Mundiales de Juventud.
El papa Francisco, al finalizar la Jornada Mundial de la Juventud en 2019 en Panamá, convocó a los jóvenes a la Jornada Mundial en Lisboa, que hubo que posponer por la pandemia. Por ello, propuso un itinerario de tres años, en cuyo proceso estamos y animamos a los jóvenes a ponerse en camino.
A causa de la crisis sanitaria de la Covid-19 el Encuentro de Jóvenes en Santiago, previsto para agosto de 2021, se trasladó a los días 3-7 de agosto de 2022. Y el Año Compostelano de 2021 se ha prolongado hasta diciembre de 2022.
El lema de este Encuentro es: «Joven levántate y sé testigo. El Apóstol Santiago te espera». El papa Francisco siempre ha animado a los jóvenes a salir para evangelizar: «Joven, levántate. No te apoltrones». Buscar a Cristo no es levantarse sin más. Hay que tener un objetivo: encontrarme con Cristo sacramentalmente y encontrarme con Él a través de otras personas. Y después dar respuesta a la llamada del Señor, porque Él llena en lo profundo de nuestro corazón el anhelo de felicidad.
A vuestros compañeros no creyentes o que os critican por ser cristianos católicos, proponedles ser felices: ¿Tú quieres ser feliz? Como dijo Jesús: «Ven y lo verás» (cf. Jn 1, 39a). Ven conmigo y lo verás. Yo te llevaré para que te encuentres con Cristo. Es el único que puede llenar el anhelo de felicidad que tiene todo ser humano.
2.- Proceso de preparación para la Jornada Mundial de la Juventud
En el proceso de preparación para la Jornada Mundial el Santo Padre instó a los jóvenes a meditar tres pasajes. El primero: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» (Lc 7, 14. Christus vivit, 20), dirigido al hijo muerto de la viuda de Nain. No invita solo a que está vivo. El muerto, el no creyente, el que está distante del Señor, también puede levantarse. Cristo es capaz de resucitar muertos. Cuando Jesús se dirigió al joven difunto, el muerto se levantó. Mejor aún podrá implicarse y dinamizarse un joven desganado y apoltronado que no sabe qué hacer.
El segundo pasaje es: ¡Levántate! ¡Te hago testigo de las cosas que has visto! (cf. Hch 26, 16). ¿A quién va dirigida esta palabra? A un joven llamado Saulo de Tarso en el camino de Damasco. Levántate, te voy a hacer testigo de lo que has visto.
Y el tercer pasaje que el Papa nos invitaba está referido a la Virgen: «María se levantó y se puso en camino de prisa» (Lc 1, 39), después de recibir el anuncio del ángel Gabriel que sería madre de Jesús.
Los tres pasajes son: 1) levántate; 2) vas a ser testigo; 3) ponte en camino. Los tres temas tienen en común la invitación a los jóvenes a “levantarse”, a vivir la llamada del Señor y a difundir la Buena Noticia. No os la quedéis para vosotros.
¿Sois felices viviendo la fe? (Respuesta de los jóvenes: ¡Sí!). Pues no lo retengáis para vosotros solos, sino invitad a otros jóvenes a ser felices. Esto es como un buen cebo para una fructuosa pesca.
Queridos jóvenes, el Señor Jesús os llama para que os levantéis, os pongáis en camino y anunciéis la buena nueva de la salvación.
3.- Testigos ante el pueblo del Señor resucitado
Según el texto del libro de los Hechos, que hemos escuchado en esta fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España, «los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor» (Hch 4, 33). Fijaros bien, dice “con mucho valor”. Eran los inicios del cristianismo y mucha gente no conocía a Jesús ni lo que había ocurrido. Siempre hay gente que no acepta el mensaje evangélico y reacciona en contra; y para ser cristiano hay que tener valor.
¡Dad testimonio vosotros también del Señor resucitado como lo hacían los apóstoles: con mucho valor! Y eso traerá su fruto. La gente apreciaba a los apóstoles y «se los miraba a todos con mucho agrado» (Hch 4, 33); y «por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo» (Hch 5, 12).
¿Queridos jóvenes, habéis realizado algún signo o prodigio? Que levanten la mano quienes hayan hecho algún prodigio. Seguramente habéis hecho muchos signos y prodigios, pero no lo sabéis. Tened en cuenta que una acertada palabra vuestra, un buen gesto vuestro ha podido reanimar a un compañero o a un amigo, aunque vosotros no lo sepáis. A un joven «apoltronado» habéis podido ayudarle a levantarse. Estoy seguro de que muchas palabras vuestras como testigos de la fe, gestos y actitudes vuestras, están ayudando a muchos jóvenes a levantarse y a encontrarse con Jesús. Porque si esto ocurría con los apóstoles, hoy tiene que ocurrir también. El Espíritu Santo está presente. Por vuestro medio, el Espíritu Santo puede realizar maravillas entre otros jóvenes.
4.- Persecución a causa del testimonio
Toda moneda tiene un anverso y un reverso. Si el anverso es el buen fruto, ¿cuál es el reverso o parta negativa del testimonio?
Los judíos y sus jefes al oír y ver a los apóstoles lo que hacían se consumían de rabia y trataban de matarlos (cf. Hch 5, 33). Y Herodes hizo pasar a cuchillo, ¿a quién? ¿Qué fiesta celebramos hoy? (Respuesta de los jóvenes: Santiago). Él fue el primero de los apóstoles que murió mártir. Ese es el reverso, pero no tengáis miedo.
San Pablo nos advierte, en su carta a los Corintios, que el testimonio de los cristianos lleva persecución: «Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados» (2 Co 4, 8); «perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados» (2 Co 4, 9). «Llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Co 4, 10).
Así que no os preocupéis que vengan comentarios, ataques, críticas, vapuleos, porque no os van a derribar. Tenéis la fuerza del Espíritu.
La fe es un tesoro, el amor a Dios es un tesoro, la esperanza cristiana es un tesoro, la vida eterna es un tesoro, el encuentro con Jesús es un tesoro. Y aunque, como dice Pablo, llevamos este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4, 7), tenemos la fuerza de Dios y el Espíritu de Dios.
5.- Los primeros en el Reino
Según el evangelista Mateo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos para hacerle una petición: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mt 20, 21).
Jesús pregunta a los dos hermanos: «¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos» (Mt 20, 22). Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre» (Mt 20, 23).
La cuestión clave es que la madre de los hijos de Zebedeo quiere que sus hijos sean los primeros en el reino. Nada menos que los dos lugartenientes, a derecha y a izquierda, los demás que se apañan.
La pregunta importante es: ¿Quién es el primero en el reino de los cielos? ¿Quién ocupa el primer lugar? ¿Acaso quien tiene mucho poder? ¿Tal vez quien ocupa un cargo en la Iglesia? ¿El que canta en el coro? ¿El que coordina un grupo de jóvenes?
La respuesta de Jesús es clara: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20, 26); «Y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo» (Mt 20, 27).
Levantad la mano los que queráis ser el primero o los primeros en el reino de los cielos. ¿Nadie quiere ser el primero en el reino de los cielos? ¡Qué chasco! ¿No queréis ser los primeros en el reino? ¡Pues levantad la mano! A ver, ya va levantando alguien. (Un grupo de jóvenes numeroso levanta la mano).
Pues, ya sabéis lo que hay que hacer para ser los primeros: servir a los demás. De ese modo somos los primeros. No hay otra manera. «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28).
6.- Imitadores de los santos
Os invito a ser imitadores de los santos.
¡Sed, como María, portadores de su alegría y su amor!
¡Sed, como los apóstoles, testigos del Evangelio!
¡Sed, como san Pablo, anunciadores de la Buena Nueva a los gentiles, a los no creyentes, a los de afuera, a los alejados!
¡Sed como Santiago apóstol, intrépidos evangelizadores, sin temor al testimonio, es decir, al martirio!
¡Sed, como los santos patronos de nuestra ciudad, Ciriaco y Paula, testigos valientes del amor de Dios y de la fe católica!
¡Tenemos buenos maestros!
Repetimos todos los siguientes nombres: María, los apóstoles, san Pablo, Santiago apóstol, santos Ciriaco y Paula; (los jóvenes repiten todos estos nombres); y, además, cada uno diga su propio santo.
Pedimos a todos ellos que nos acompañen en nuestra vida, que os acompañen en la peregrinación a Santiago de Compostela y que nos ayuden con su intercesión poderosa. Que así sea.
