DÍA DEL VOLUNTARIADO DEL COTOLENGO

(Cotolengo-Málaga, 21 diciembre 2022)

Lecturas: Sof 3, 14-18a; Sal 32, 2-3.11-12.20-21; Lc 1, 39-45.

1.- Alegría por la presencia del Señor

En estos días inmediatos y cercanos a la Navidad la liturgia nos anima a contemplar la cercanía de Dios al hombre. El amor de Dios es tierno, amor de padre, amor que tiene entrañas de misericordia. Lo importante es que el Señor está en medio de nosotros; el Hijo de Dios se hace hombre y nace de mujer, de María Virgen; y todo el pueblo se regocija de la presencia de Dios en medio de él: «Alégrate hija de Sión, grita de gozo Israel, regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén» (Sof 3, 14).

La liturgia nos anima a que nos alegremos como Sión, que es amada del Señor; que nos alegremos por la presencia de Dios entre nosotros. Su presencia es real; Dios se hizo presente en el seno de María y se hace presente realmente también hoy. Y se hace presente a través de la eucaristía, que es una presencia especialísima, sacramental. También se hace presente, como él mismo nos ha dijo, a través de las personas. Y cuando acogemos a otra persona nos dice él mismo que lo estamos acogiendo a él; si esa persona es necesitada, con mayor razón lo acogemos a él.

En esta acción de gracias por esta Casa, por el voluntariado y trabajadores, por los que aquí viven acogidos, por las hermanas. Hoy es día de acción de gracias al Señor por esta realidad, que hace presente el amor de Dios entre los más pobres de los pobres, entre los más necesitados. Quiero también agradeceros a todos ese reflejo del amor de Dios que, gracias a vuestro amor, se hace presente. Vosotros hacéis Navidad cada día del año; no solamente en el periodo de Navidad. Hacemos Navidad todos los días, cuando acogemos al otro, cuando le damos nuestro amor, cuando nos dedicamos a quien más nos necesita.

2.- Cantad al Señor un cántico nuevo

Y esto, como hemos dicho en el Salmo, nos impulsa a cantar un cántico nuevo a Dios: «Cantadle un cántico nuevo» (Sal 32, 3), porque Dios está con nosotros; porque Dios nos ha escogido como hijos y nos ha regalado su filiación; nos ha hecho hijos en el Hijo; y esto es una gran verdad.

La Navidad es algo real; no lo que a veces se pinta por ahí en nuestra sociedad. Hemos de recuperar el verdadero sentido de la Navidad, que es la presencia de Dios entre nosotros, siempre; solo que necesitamos vivirlo de manera litúrgica cíclicamente; pero todos los días y todos los domingos celebramos la muerte y resurrección del Señor y cada eucaristía es una celebración de la muerte y resurrección del Señor y también de su Encarnación. Cantemos juntos hoy ese cántico nuevo, que es el cántico de los hijos de Dios por las maravillas que hace en nosotros.

3.- Encuentro de María con su prima Isabel

El evangelio de Lucas nos narra el encuentro conocido como la Visitación de María a Isabel: «En aquellos días María se puso en camino a una ciudad de Judá (cf. Lc 1, 39); «entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1, 40).

María, llevando en su seno al Hijo de Dios visita a su prima, que lleva en su seno al primo Juan. Es precioso este encuentro entre las dos mujeres y los dos hijos que llevan en su seno: «Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo» (Lc 1, 41).

Viendo la importancia de la presencia de Dios entre nosotros, María lleva a Cristo y eso es una explosión de alegría y de gracia, de bien; la presencia de Jesús que lleva María hace bien a Isabel, hace bien a Juan Bautista, al hijo; les hace bien y les concede gracia; les alegra.

4.- Nuestro encuentro con María y Jesús

A nosotros el encuentro con María, que lleva a Jesús, también nos debe alegrar y hacernos bien; encontrarnos con María, que nos trae a Jesús, nos debe alegrar y hacernos bien. ¡Acompañémosla en estos días precedentes de la Navidad! Nos pueden ayudar las antífonas de la “O”, que cantamos desde el día 17 hasta el 24: ¡Oh, Hijo de David! ¡Oh, esperanza de Israel! Oh, maravilla de consejero! ¡Oh, Padre perfecto! ¡Oh, Príncipe de la paz!

Que nosotros también vivamos esa alegría y ese bien que el Señor nos da a través de la presencia de Jesús con María.

Una pregunta que nos podemos hacer hoy: ¿Cómo vivo el encuentro con Jesús y María? Isabel lo vivió desde la fe y desde el amor. Nosotros también podemos ser presencia del Señor. Acogemos a Dios, que viene hecho Hijo de María. Pero si nosotros somos portadores de Dios como María también podemos hacer un gran bien a los demás; podemos ser un poco como María, que llevamos a Jesús dentro; y que esa presencia y ese testimonio alegra al otro y le hace bien.

Vamos a pedirle al señor que realmente vivamos esta fiesta maravillosa; esta presencia el Señor entre nosotros, que nos produce gozo, que nos anima a cantar un cántico nuevo y que nos hace tanto bien y que nosotros también seamos portadores del Señor como la Virgen. ¡Que ella nos acompañe que nos ayude a celebrar con gran alegría esta Navidad! ¡Que así sea!