FIESTA DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
(Iglesia de Santo Domingo-Antequera, 3 mayo 2026)
Lecturas: Hch 6, 1-7; Sal 32, 1-2.4-5.18-19; 1 Pe 2, 4-9; Jn 14, 1-12.
(Domingo Pascua V-A)
1.- La devoción a la Virgen del Rosario en Antequera
Celebramos hoy la fiesta de la Rosa de la cofradía de la Virgen del Rosario en Antequera, cuya devoción constituye una de las manifestaciones piadosas más antiguas en esta ciudad, tras su adhesión a la Corona de Castilla en 1410; y cuyo origen está vinculado a la primitiva cofradía de la Caridad, que realizaba labores asistenciales hacia enfermos y necesitados.
Otro hito histórico de esta devoción mariana fue la Batalla de Lepanto (1571), en la que la intercesión de Nuestra Señora del Rosario propició el triunfo de Felipe II sobre el turco otomano; y el papa Pío V instituyó la festividad anual del Rosario el 7 de octubre. Es bueno recordar nuestra historia, para hacer una buena “memoria histórica”; no como otro tipo de memoria. Y lo hacemos para dar gracias a Dios y agradecer a quienes nos transmitieron la fe y la devoción a la Virgen.
El origen de la cofradía se remonta a finales del siglo XVI, cuando la Orden dominicana fundó su convento en esta localidad. Y un siglo más tarde (1679) tuvo lugar la trágica peste bubónica con sus efectos devastadores. Los antequeranos solicitaron procesionar la imagen de la Virgen del Rosario, que, como bien recordáis todos, fue precedida por una lluvia imprevista y benefactora; y el concejo antequerano proclamó en ese año a la Virgen del Rosario «Patrona de la ciudad» e hizo un voto de fiesta perpetua anual.
El fervor a la Virgen del Rosario continuó a lo largo de los siglos, de manera especial en los años en que los antequeranos sufrían penurias, situaciones difíciles o enfermedades, como sucedió con la fiebre amarilla en 1804.
Con la salida forzada de los Dominicos de la ciudad, a mediados del siglo XIX, por la mal llamada «desamortización», que sería mejor llamar «robo legal», la cofradía experimentó un declive devocional.
¡Dad gracias al Señor! Demos gracias al Señor por esta larga historia, que no se ha interrumpido; ha habido momentos más álgidos y otros más bajos, pero la devoción se ha mantenido hasta el presente. Y recordemos lo que significa el «Rosario», que es la contemplación de los misterios de la vida del Señor.
2.- La tarea de los cofrades
A pesar de los avatares históricos, de las dificultades, de las enfermedades sufridas, de los malos tiempos, la devoción a la Virgen del Rosario permanece como expresión genuina de una fe profunda en Antequera. Y hemos de estar agradecidos al Señor, que ha permitido una larga historia de la devoción mariana rosariera en Antequera. ¡No perdáis esta advocación! Hay muchas advocaciones a la Virgen, pero ésta entronca más con la vida de su Hijo.
Deseo agradeceros, queridos cofrades, que hoy en pleno siglo XXI, seguís potenciando la devoción a la Virgen del Rosario y recuperando la historia vivida en siglos anteriores, a la vez que realizáis diversas actividades a lo largo del año para mantener el fuego sagrado de esta hermosa devoción.
La cofradía se ha esforzado en cuidar la imagen de la Virgen, obra de Juan Vázquez de Vega (1587), custodiada en esta Basílica de Santo Domingo. He de agradecer a Antequera, como obispo emérito de Málaga, que haya conservado tan bien el patrimonio religioso, a pesar de los avatares históricos y de la persecución religiosa que se inició en la Segunda República.
La Cofradía os habéis también esforzado dotando el patrimonio de enseres de valor, que ayuden a mantener y propagar la devoción a la Virgen del Rosario. ¡Enhorabuena!
Agradezcamos al Señor la intercesión de la Virgen María, que cuida de todos sus hijos que la invocan con fe.
3.- La Fiesta de la Rosa
La Fiesta de la Rosa, que hoy celebramos, tiene su origen en la Orden de los Dominicos y se remonta al año 1475 en la ciudad alemana de Colonia, donde se fundó la primera Cofradía del Rosario. Con el tiempo esta tradición se introdujo en España a través de la Corona de Aragón.
El nombre de esta fiesta tiene un significado simbólico: «Rosario» significa «Corona de Rosas». Por cada «Ave María» se ofrece una rosa a la Virgen y al completar un Rosario se entrega la corona de rosas, que simbolizan la belleza, la pureza, las virtudes, la santidad de la Virgen, su inmaculada Concepción, su ser llena de gracia, a la que nombramos en la letanía lauretana como «Rosa Mística». Una rosa natural, que es una criatura que Dios nos regala, preciosa a la vista y al aroma que despide, es un pequeño símbolo de la «Rosa Mística» referida a la Virgen, que perfuma la Iglesia, la embellece, la adorna y nos transmite esa belleza, haciéndonos participar de esa belleza. Esta belleza son también las buenas obras de los santos.
La Archicofradía del Rosario en Antequera recuperó esta tradición hace cinco años; y en esta celebración se bendicen las rosas, que luego los fieles llevan a sus hogares pidiendo la protección de la Virgen. Como experiencia personal deseo compartir con vosotros que hoy hace un año, estando un servidor hospitalizado de gravedad, como bien sabe alguien que está aquí entre nosotros, me trajo una de estas «Rosas» bendecidas y la Virgen cuidó de mí y pude recuperarme. Y hoy, un año después, puedo estar entre vosotros. Agradezco a todos los que rezaron por mi salud en aquellos días y a quienes me cuidaron. ¡Muchas gracias!
Damos gracias a Dios y pedimos la intercesión de nuestra Madre, la Virgen del Rosario, ofreciéndole las rosas de nuestra devoción, que no son solo rosas naturales, hermosas, sino rosas de oración, rosas de agradecimiento, rosas de actos de fe y de amor; son las rosas de las buenas obras de los cristianos y de los santos, que embellecen la Iglesia y la llenan de exquisito aroma.
4.- Cristo, la piedra angular
La devoción a la Virgen va unida necesariamente a la fe y al amor a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, porque el gran título de la Virgen es ser Madre de Dios. Si vemos la imagen la Virgen del Rosario tiene en brazos a su Hijo. No puede haber amor a la Virgen sin amor a al Hijo, Cristo, porque tiene la misma raíz.
En la lectura de hoy san Pedro nos ha recordado que Jesucristo es la «piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios» (1 Pe 2, 4). Cristo, la «piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido» (1 Pe 2, 7). Mucha gente rechaza a Dios, pensando que le quita la libertad para llevar a cabo sus deseos de felicidad mundana y sus planes. Sin embargo, el Señor es quien nos da la verdadera libertad, y el fundamento y el sentido de nuestra vida; no nos quita la libertad, sino que nos hace libres.
Cristo es la «piedra de tropiezo y roca de escándalo; y tropiezan en ella porque no creen en la Palabra» (1 Pe 2, 8); quien no cree en él, tropieza y no va por buen camino.
5.- Los cristianos somos piedras vivas
Si Cristo es la piedra angular de la Iglesia, los cristianos somos «piedras vivas» que entramos en la construcción de un edificio espiritual, para ofrecer sacrificios espirituales, que Dios acepta por mediación de Jesucristo, como dice el apóstol Pedro (cf. 1 Pe 2, 5).
Cada piedra, como en este hermoso edificio, debe ocupar su propio lugar en la construcción del edificio de Dios, que es la Iglesia (cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 6). Y cada uno debe ocupar el lugar que Dios le ha asignado. Pero, para encajar bien en el edificio, el cantero tiene que cortar las aristas y modelar la piedra; y eso puede doler, porque parece que nos quitan algo propio nuestro. Ésta es la falsa interpretación de que el Señor me quita la libertad; pero en realidad el Señor nos indica la misión que cada cual debe desempeñar. No debemos molestarnos cuando el Señor retoca las piedras vivas, quitando lo que estorba, para que la piedra encaje en su sitio. Imaginad al artista Miguel-Ángel cuando se coloca delante de una piedra de mármol de varios miles de kilos y comienza a modelar la piedra y a quitar lo que estorba para que aparezca una hermosa figura. El Señor hace eso mismo con nosotros y no debe dolernos; porque incluso la enfermedad, los sufrimientos y lo que nos parece penoso, el Señor nos las pone por nuestro bien.
El Señor Jescristo nos ha hecho «linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido» (1 Pe 2, 9); y nuestra misión es «anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (1 Pe 2, 9).
Queridos cofrades y fieles todos, demos gracias a Dios que nos ha llamado a su Reino, para ser pueblo de su propiedad. Ser cristiano nos impele a reconocer que somos hijos de Dios e hijos de su santísima Madre y nos impulsa a vivir nuestra dignidad de salvados y resucitados en Cristo. La gran noticia que llena el mundo es la resurrección de Cristo y nuestra futura resurrección.
6.- Jesucristo es el camino, la verdad y la vida
En la escena del evangelio, cuando el apóstol Tomás le pregunta a Jesús: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5), éste le responde: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6).
Jesús no responde por dónde hay que ir para encontrar la felicidad, sino que dice: Yo soy el camino, yo soy vuestra felicidad, yo soy vuestra libertad.
Nuestra sociedad ofrece muchos falsos caminos para encontrar una felicidad que acaba muy pronto; pero solo hay un camino verdadero, que es Cristo, yendo siempre de la mano de su Madre, la Virgen del Rosario.
Como dijo Pedro en su discurso: «No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hch 4, 12). Hoy se nos invita a caminar con Jesús, único camino para alcanzar la vida eterna y la felicidad verdadera y plena.
En esta fiesta de la Rosa, queridos hermanos, pedimos al Virgen del Rosario que nos acompañe en nuestro caminar con Cristo, su Hijo. Que sepamos vivir como buenos hijos de tan tierna Madre; que le ofrezcamos nuestras rosas espirituales de oración, devoción y de amor filial. Y que ella interceda maternalmente por todos nosotros y bendiga a sus hijos cofrades que promueven su devoción y mantienen esta hermosa fiesta. Amén.
