«Hace bastantes años dejaste tu trabajo, bien remunerado, para defender la idea del cooperativismo
desde una clara opción por la pobreza. Hemos notado que entre nosotros
crecía un militante con conciencia cristiana y rural dedicando muchas horas a la oración
y a la formación que transforman evangelizando. Sin olvidar nunca a los desfavorecidos
del mundo rural. Te hemos reconocido, incluso en las situaciones más difíciles, como profeta del pueblo
y de nuestro tiempo. Tu denuncia nos daba sentido común y valentía para no perder la utopía del Reino.
Transmisor incansable del Evangelio de Jesús, para que las amorosas semillas de justicia e igualdad dieran
frutos, siempre apoyado por tu familia y, sobre todo, tu esposa Charo Heras. Contigo nuestro movimiento
diocesano ha crecido más en calidad para que siga siendo fermento en la masa, cauce de liberación y salvación.
En este nuevo tiempo de júbilo, seguimos contando contigo, más ahora en cantidad, para que los
rurales sepamos meter el Evangelio en los marginados y esclavizados de nuestro pueblo».