Cristo reina ya mediante la Iglesia. Él «murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos» (Rm 14, 9). Posee todo poder en los cielos y en la tierra. Sin embargo, este Reino no está todavía acabado.

«Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos»

Hasta que todo le haya sido sometido y, como señala el Concilio  Vaticano II, «mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios». Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía, que se apresure el retorno de Cristo cuando suplican: "Maranatha" (Ven, Señor Jesús). 

Jesús anunció en su predicación el juicio del último día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. «Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida que hay en Él. Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor». (Art 679 CIC)