La mitra, como ornamento episcopal, comenzó a ser utilizada hacia el siglo X y 200 años más tarde ya era indispensable en la indumentaria litúrgica de obispos y de algunos abades. Este tocado, además de expresar la autoridad y la jerarquía, tiene, por supuesto, su simbología espiritual. De esta manera, la mitra ha de entenderse como trasunto del yelmo con el que el pastor defiende a los fieles contra el mal. Las dos hojas unidas y acabadas en pico plasman, por su parte, el corpus del Antiguo y el Nuevo Testamento, y las ínfulas, que son las lazadas posteriores que cuelgan, la letra y el espíritu que emanan de ellos. Recordemos a tenor de esto los versículos de Éxodo, 34: «Se impuso la mitra y la tiara de lino fino a Aarón y sus hijos, tal como Yahvé ordenara…».
La que en esta ocasión traemos a las páginas de DIÓCESISMÁLAGA es una obra recamada en plata y con una maravillosa labor de bordados en hilos de seda de colores. El motivo central es una cartela que representa “las lágrimas de san Pedro”, o sea, el episodio evangélico del arrepentimiento del apóstol tras haber negado al Señor. Es san Marcos quien afirma cómo, consciente de su acción, «rompió a llorar» (14, 72). Tan hermosa mitra es de un desconocido obrador dieciochesco y forma parte del rico tesoro textil que posee la Catedral malacitana. Es de las denominadas como “preciosa”, es decir, sobresaliente por sus adornos, al estar reservada para las ceremonias de mayor solemnidad. Su conservación es aceptable, aunque lamentablemente, ha perdido las ínfulas.
