El enmarque del altar pictórico de la Ascensión, ubicado en la capilla catedralicia de Santa Bárbara, está compuesto por un conjunto de cartelas octogonales que contienen pasajes y misterios del Señor.
Éste, que plasma el Juicio Final, es una composición ingenua, acorde a las limitaciones de Juan Coronado, el modesto autor que realizó esta obra a mediados del siglo XVIII. La misma presenta algunas particularidades reseñables. Cristo, enarbola la cruz redentora y también una espada como juez supremo. Se encuentra flanqueado por la Virgen y san Francisco que, arrodillados, interceden en favor de los pecadores. A sus pies un ángel toca la trompeta para despertar a los muertos que van surgiendo de sus sepulturas, como manifiesta el esqueleto de la parte central. Entre las llamas purificadoras del purgatorio, una muchedumbre espera el momento de ser juzgada individualmente, como patentiza el hombre desnudo que, con las manos orantes, espera a las plantas del Señor su veredicto.
Por su parte, en el ángulo inferior derecho, el diablo empuja con un tridente a los condenados en el juicio a ser engullidos por Leviatán, el monstruo que aquí personifica el infierno. Se hace evidente en esta pintura el protagonismo que el artista o quienes le encargaron la obra otorgaron al santo de Asís, enfatizando su popular jerarquía de imitator Christi o segundo Cristo en la tierra. También llama la atención que entre los personajes se encuentre un anciano, dado que, siguiendo las enseñanzas de san Agustín, siempre se ha plasmado este misterio sin niños ni ancianos, en la creencia de que todos resucitaremos en el esplendor de la edad.
