El sacerdote Miguel Ángel Criado, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (Lucas 16, 19-31).

Comentario al evangelio del Domingo XXVI del T. O., por Miguel Ángel Criado
Miguel Ángel Criado, sacerdote de la Diócesis de Málaga

Uno de los mensajes que circulan entre nuestros contemporáneos para silenciar la dimensión social de la fe es presentarla como un asunto privado, es decir, una cuestión entre Dios y yo. Sin embargo, la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro nos ofrece al mismo tiempo una lectura personal y social. El rico representa a todo aquel (persona, institución, sistema) que hace un uso injusto de las riquezas, vive cerrado en el lujo y en el egoísmo y finge no ver el sufrimiento de los más necesitados. Lázaro, que significa “Dios le ayuda”, representa a la persona que, olvidada por todos, nunca es abandonada por Dios.

La parábola nos enseña que Dios ama a los pobres y los levanta de su humillación, como María cantó en el Magníficat: “Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada” (Lc 1,52-53). Que nuestro destino eterno está condicionado por nuestra actitud de apertura y escucha a Dios y compasión por el hermano sufriente. Que para convertirnos no debemos esperar grandes acontecimientos. Dios nos ha dejado su Palabra y al hermano necesitado, en el que Jesús nos viene al encuentro (cf. Mt 25,40). Que, como decía el papa Francisco, “Ignorar al pobre es despreciar a Dios”.