José Antonio Fernández, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario.

Comentario al evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario

Leyendo esta lectura del evangelio en clase de Religión, un alumno preguntaba: “¿por qué los discípulos no podían llevar nada?” Rápidamente le respondió otro: “sí podían: llevaban sandalias, una sola túnica y un bastón para poder apoyarse y andar más”. Como buenos teólogos, planteaban una de las claves en las lecturas de hoy: el “desapego”. Para anunciar y construir el Reino es necesario desprenderse de todas las cosas de este mundo que suponen una carga: algo material (excesivas túnicas, alforjas); nuestro espacio personal o zona de confort (Dios nos saca “de junto al rebaño” como en el caso del profeta Amós, o de los doce, que salen de su casa para ir por todo el mundo); nuestro afán de protagonismo o falta de identidad comunitaria en la Iglesia (envío de dos en dos).

Dios siempre es el sujeto de todas las acciones: nos llama, nos habla, nos envía, nos da su Palabra y su Hijo (Pan de vida) y su apoyo en nuestra misión (bastón), nos acompaña haciendo el camino más transitable (sandalias), nos arropa (túnica). Y tan sólo hay una condición como ejercicio de nuestra libertad: acogerlo en nuestra casa.

Para ello, debemos abrir las puertas de nuestro corazón, recibir y escuchar el Evangelio, alojar
y hospedar a Dios. No es que los discípulos “no podían llevar nada”, sino que lo llevaban todo, porque llevan a Dios y lo comparten con el prójimo.