Ignacio Fornés, sacerdote del OPUS DEI, profundiza en el evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario.

Comentario al evangelio del Domingo III del Tiempo Ordinario
Tu amor me llama, me mueve, me atrapa... FANO

Jesús se fue a vivir a Cafarnaún para sacar rendimiento a sus negocios.

Cafarnaún era un sitio clave. Por ahí pasaba el comercio a través de la conocida Via Maris, junto al lago de Tiberiades, camino de Roma.

Por allí circulaba todo tipo de personas, algunas mejores y otras peores; negocios claros y limpios, y otros un poco turbios.

En estos tiempos de crisis profunda, un amigo me decía: casi todo el dinero se mueve entre Benalmádena y Estepona, más allá la cosa está difícil. Podríamos decir que Jesús se instaló entre
Benalmádena y Estepona.

Allí, en el territorio de Zabulón y Neftalí, puso su base de operaciones y desarrolló una actividad tan buena que ha llegado hasta nuestros días. Una actividad con un solo objetivo y que todavía subsiste, y es éste: Convertíos y creed en el Evangelio.

¡Ganaos la vida, pero honradamente! Todo lo que hagáis -negocios, familia, amistades, vida- todo, hacedlo para agradar a Dios, por amor a Él y ¡ganaos el cielo!

Este negocio se ha convertido en una especie de multinacional -la Iglesia- que va como puede, aparentemente renqueando y en números rojos, con muchos momentos cercanos a la quiebra, pero que, curiosamente, nunca ha desaparecido ni desaparecerá jamás, porque es de Dios.

Lleva veinte siglos sobreviviendo, y con mucho fruto, una muchedumbre inmensa que nadie podría contar de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.